Su familia se refugió en la casa de una amiga y ahora contiene a su hija, Luna
La actriz relata que la escuela a la que la niña asistía en Palisades, desapareció. También destaca la labor de los bomberos: En momentos como este uno ve las cosas más lindas en el ser humano.
Leonor Varela lleva alrededor de 25 años viviendo en Los Angeles y en los últimos meses ha transitado entre su casa en Ojai y su departamento en Santa Monica. Desde ese lugar la actriz relata una de las tragedias más grandes que ha enfrentado dicha ciudad. Desde la semana pasada que devastadores incendios, específicamente en las zonas de Palisades y Eaton, han provocado la muerte de 25 personas y, según informó «Los Angeles Times», «se estima que más de 12.000 estructuras han resultado dañadas o destruidas por los incendios y al menos 23 personas han sido reportadas como desaparecidas». «Esta ciudad no va a ser nunca más la misma», afirma con tristeza.
Para Leonor, la alerta comenzó el martes 7 de enero, cuando una notificación en su celular indicó que debía ir a buscar a su hija, Luna, al colegio por los incendios y la calidad del aire. En esos momentos, la intérprete estaba en Chile, por lo que Lucas Akoskin, exmarido de Leonor y padre de la menor, manejó desde Beverly Hills hasta el colegio. Tardó 25 minutos, periodo en que «ya habían sacado a mi hija de la escuela porque el fuego había progresado extremadamente rápido. La profesora la trajo a la casa y la verdad es que estamos muy agradecidos del comportamiento de la gente de la escuela».
Tal como estaba programado, Leonor aterrizó en Los Angeles el jueves en la mañana, cuando su familia ya estaba refugiada en la casa de unos amigos tras recibir la alerta de evacuación el miércoles. «Yo estuve ansiosa desde el minuto uno porque al estar lejos y ver esto, uno lo siente casi peor que estando allá. No sabía cómo iba a progresar el incendio, veía las imágenes y uno siempre se imagina lo peor. Pero Lucas estaba súper preparado. Él tenía bolsos armados para evacuar, estaba muy atento y la verdad que lo manejó de forma excelente», relata la autora de «Ir al cielo y volver».
¿Cómo fue la situación cuando llegó allá?
«Fui directamente a reunirme con mi hija, que era lo que más necesitaba, y los encontré relativamente bien. Estoy muy agradecida de Lucas, que maneja muy bien el estrés en estas situaciones, al igual que en el momento del Covid. Él tiene un temple para manejar el estrés digno de un productor de cine, y la verdad es que había una cierta tranquilidad comparado con la angustia con la cual venía yo. En el camino desde el aeropuerto vi las columnas de fuego y de humo. Eso daba mucho miedo y la situación de estrés era realmente muy palpable. Pero reunirme con mi hija y Lucas fue lo que me ayudó a respirar profundo nuevamente».
Tras el reencuentro con los suyos, «primero estuvimos en una situación de alta alerta, con alarmas en las noches que llegaban al teléfono para estar atentos, sonidos de helicópteros, incertidumbre. El viernes dije ok, vamos a entrar en acción y ayudé en la casa de mi amiga que nos acogió a recolectar comidas, donaciones y salimos a entregarlas. Esa jornada fue muy, muy intensa… la verdad, desolador, muy desolador. Me faltan las palabras en realidad. Muchas rutas cerradas… (se emociona), da mucha pena».
Luego, Leonor tomó la decisión de moverse hacia su casa en Ojai, localidad ubicada a 90 minutos de Los Angeles: «Sentí la necesidad de sacar a mi hija de ahí, de contener a mi familia y después (nuevamente) entrar en acción porque creo que las dos cosas son igualmente necesarias. No sirve nada estar ayudando si uno no puede contener y sostener a su familia. La escuela de Luna, que está en Palisades, desapareció… (se emociona) es una comunidad de la cual soy parte hace muchos años y que se ha visto muy, muy afectada».
La actriz suma que en Ojai «el aire está más limpio y, estar en tu hogar que, si bien aún no lo he podido instalar del todo porque lo adquirí en septiembre, da la sensación de mucho agradecimiento por tener un lugar de paz y tranquilidad».
¿Ha podido planificar algo para los próximos días? Se anuncian vientos muy potentes.
«Efectivamente, para martes y miércoles anuncian mucho viento y eso puede generar nuevos incendios. Ojai también está en la zona de alerta roja, así que tampoco me siento del todo tranquila y segura acá. Todas las noches escucho helicópteros y estoy tratando de darle a mi hija algún tipo de rutina. La puse con una amiga en una escuelita que la recibió un par de días a la semana para que pudiera tener algún tipo de ritmo y un poquito de contención. Pero la verdad no estoy pensando más allá de los próximos dos, tres días. Si efectivamente la situación se pone demasiado compleja, no sé qué vamos a hacer. La verdad que por ahora sólo esperar, rezar y tratar de estar entero. Espero poder seguir ayudando acá en la comunidad de Ojai. Estamos haciendo muchas colectas y hay que distribuir. Si los centros de animales necesitan gente (para ayudar), vamos a ir al Humane Society con Luna. Si hay perros que necesitan una casa, también estamos pensando hacer eso. Es un equilibrio entre el cuidado propio, el cuidado de mi hija, la contención de mi familia y la contención y la ayuda a la comunidad que lo necesita mucho».
¿Cómo ha visto la labor de bomberos y voluntarios?
«Ha sido impactante. En momentos como este uno ve las cosas más lindas en el ser humano, la habilidad de poner tu vida en riesgo para ayudar a los demás. Han sido los héroes del momento, sin duda. Me emociona mucho y ha sido, la verdad, muy difícil. Me cuesta hablar de esto (se emociona). Estoy muy agradecida e impresionada por esa solidaridad, esa habilidad que tenemos de intentar ayudarnos los unos a los otros. Tengo una comunidad acá en Ojai también que está muy movilizada, pero los first responders, como les dicen acá a los bomberos, y la gente que maneja sus aviones tirando agua es algo de no creer, hacen milagros y logran de manera muy eficiente detener el fuego. Pero los vientos están muy, muy, muy fuertes y esa es la razón por la cual los incendios están avanzando tanto (ya que ahí a los aviones se les dificulta su labor). Los fuegos de Eaton y de Palisades siguen estando con porcentaje de contención muy, muy bajos».


