Llámenlo intervencionismo electoral, pero no hay mejor pareja real para Viña este año.
Abro esta columna con una confidencia. Yo estaba considerado para integrar la lista original de los candidatos a rey feo de este año en el Festival de Viña. Por lo menos así me lo confirmó un amigo de la señora de un pariente lejano del mecánico de un conocido de una vecina del conserje de Alfredo Alonso, de Bizarro (esta gente importante no te contacta directamente). Halagado y todo, debí declinar la invitación porque, de ganar, me habría visto muy ridículo tirándome el tradicional piquero con abrigo negro y sombrero.
Así las cosas, la nómina de candidatos a rey y reina quedó compuesta por 34 personas (también se bajó Isidora «Tita» Ureta, que era una de las grandes favoritas; ha estado todo muy raro y confuso en la previa festivalera).
Al revisar el listado uno no puede sino sospechar que, además de la A.I. (sigla en inglés para el concepto Inteligencia Artificial), existe, hace siglos, la E.E. (Estupidez Espontánea). Lo digo porque muchos no siquiera saben que figuran allí y serán muy destacados en su rubro, pero a nivel masivo su nombre dice bien poco (es el caso del director de orquesta nacional Paolo Bortolameolli). Para colmo, aparecen como candidatos individuales Incubus, The Cult y Bacilos, que hasta donde yo sé son bandas musicales.
Me van a perdonar, pero ante tan poca seriedad yo voy a adelantar mis votos. Ya está bueno ya.
Como rey feo, encuentro que Kidd Voodoo es un gran candidato, pero admito que hay razones de corte ideológico-futbolísticas que impulsan mi simpatía, por lo que me inhibo de sufragar por él. Otro postulante magnífico es Carlos Vives, ya que el monarca supremo del vallenato es ligero de genio y con su alegría le daría mucho colorido a la ceremonia de coronación.
Sin embargo, me inclino por Rodrigo Sepúlveda, ya oficializado como el nuevo conductor titular de «Mucho gusto» a partir de marzo y de un carisma a toda prueba, sobre todo cuando no cae en sus pataletas contra el actual gobierno, algunas de ellas bien gratuitas.
En cuanto a la papeleta para ungir a una reina, por supuesto que Camilísima y Faloon Larraguibel asoman como favoritas absolutas. Dejo fuera a Karen Doggenweiler porque su sola investidura de animadora del Festival ya le da un aura majestuosa.
Me quedo con Myriam Hernández para darle un espaldarazo en el difícil momento personal por el que está atravesando (espero que cada día menos difícil) y además como un reconocimiento a todo lo que le ha dado a nuestro país. Y no es ningún sacrificio el que hago al entregarle mi voto porque está más regia que nunca.


