La notable historia de cómo se conocieron. Gordo, necesito saber tu opinión, le preguntaba ella
El romance iba contra toda convención social. Era un lejano 1985, aún en dictadura. Ximena Rincón, estudiante de Historia y Geografía y dirigente estudiantil de la Universidad de Concepción, se dirige a Santiago a reunirse con representantes gremiales en búsqueda de ayuda por la expulsión de sus compañeros tras un congreso estudiantil. Juan Carlos Latorre, Caco para los amigos, era el presidente metropolitano del Colegio de Ingenieros. Hubo onda, al menos de la muchacha de 17 años. «Me encantó, pero no nos vimos más», contó ella mucho después en «Revista Ya».
Pasaron tres años, el plebiscito estaba en ascuas y otra vez la pelea contra el régimen los congrega, esta vez en la «Cruzada por la participación ciudadana». Lo que es flechazo se transforma en pololeo y en un paso deviene en matrimonio. Todo en intensos 11 meses. «No teníamos mucho que esperar», agregaría años después .
Y aquí vendrían los problemas. Ella, 21 años, soltera. Él, 39 años, separado, tres hijos. Al padre de Ximena, Ricardo Rincón Iglesias, presidente del Tribunal Eclesiástico de la capital penquista, le cuesta asumir el enlace. Incluso, por esos días cae con depresión endógena. «Siempre pensé que fue por eso», elucubró tiempo después su hija a «La Segunda». En paralelo, su abuela materna le quitó todo atisbo de saludo. «Encontró que era el colmo», reveló en revista «Cosas».
Pasaron los años. El maduro Caco se gana el cariño de la familia Rincón. Vinieron los tres retoños del matrimonio y una casa en la comuna de La Reina. Ambos se meten de lleno en la política. Primero Latorre, quien tiene su primer periodo como diputado. Bajo el cargo de vicepresidente de la Cámara, otra vez se enfrentan al «deber ser», esta vez de la quisquillosa curia romana en el viaje oficial para la beatificación del Padre Alberto Hurtado. Iban a ser recibidos por el Papa Juan Pablo II, pero el protocolo del Vaticano la deja fuera por el matrimonio en segundas nupcias. «Fue súper fuerte, violento y brutal», recordaría a la revista «Mujer», de «La Tercera».
Tiempos complicados, pero no ajenos a la complicidad. Como cuando años atrás, en su celular tenía registrado a su esposo como «Amor». O como cuando tenía alguna interrogante, Rincón recurría a su compañero y le preguntaba «gordo, necesito saber tu opinión». Eran otros tiempos.


