Material de la erupción es vidrio poroso
Son resistentes a descomponerse, dice el geólogo Mario Pino.
Se esparcen por todas partes y cubren ríos, lagos, tierra y cualquier cosa con la que se topan. Así son las piedras pómez que ha ido lanzando el Cordón Caulle desde que entró en erupción.
«Las pómez son vidrios porosos y por eso flotan. Es un material rico en silicio, aluminio, sodio y potasio, que no va a desaparecer cuando termine la erupción del Caulle», plantea Mario Pino, geólogo de la Universidad Austral.
El geólogo y decano electo de la facultad de ciencias de la universidad dice que las cenizas blancas, como la pómez, son resistentes a descomponerse, al punto de que pueden pasar mil años sin sufrir alteraciones.
«Las pómez que dejó el Caulle en la erupción de 1960 están ahí mismo, no les ha pasado nada. Hace diez mil 400 años el volcán Choshuenco, en Panguipulli, explotó y esa recién comienza a descomponerse», plantea el investigador. Por ello calcula que, al menos, pasarán mil años antes de que este material se transforme en un tipo de suelo y más de diez mil para que desaparezca.
Pino remarca también que este material poroso afecta la salud. «Es muy malo respirar esto porque a escala microscópica estos vidrios son filudos. Están llenos de esquirlas puntudas. Hay que andar con mascarillas. Los daños de las pómez van más allá de la erupción. Son a largo plazo», explica.


