Tiene contrato, trabaja con horario de oficina y el circo no es itinerante
Forma parte de una familia con cinco generaciones dedicada a la actividad circense.
Victoria Cárdenas tiene 34 años y es parte de la quinta generación de una familia circense chilena. Desde que nació, su vida ha transcurrido entre carpas y escenarios, dominando el trapecio con destreza y pasión. Sin embargo, hoy su rutina ha dado un giro inesperado: está radicada en Nanning, China, donde trabaja en un circo fijo dentro de un zoológico. «Para nosotros ya esto es normal. Lo que es normal para ustedes, para nosotros es anormal. Nosotros somos itinerantes, siempre en movimiento, pero ahora tenemos un contrato fijo de un año, con horarios de oficina», cuenta.
China se ha convertido en su hogar temporal, aunque no es la primera vez que vive allí. En 2015 estuvo dos años en Chengdu, la ciudad de los pandas, y luego en Kunming, conocida por su bosque de piedras. La diferencia principal con otros lugares es que en China los circos no son itinerantes. «Aquí cada ciudad tiene parques enormes con mucha entretención, por eso los circos no se mueven de un lugar a otro como en Chile, Latinoamérica o Europa», explica.
Un hijo que crece entre países y culturas
Uno de los mayores desafíos de Victoria ha sido la crianza de su hijo Joaquín, quien a sus seis años ya ha vivido en al menos cinco países. «Nos daba miedo sacarlo de su zona de confort, pero se ha adaptado rápido. En Irlanda aprendió inglés jugando con otros niños, en España hablaba con acento español, en Portugal comenzó a entender portugués y ahora en China ya dice frases en mandarín», cuenta entre risas.
El sistema educativo chino ha sido un reto especial. «Lo único que le costó fue la siesta. En Chile nunca durmió en el colegio, así que cuando despertó lloró porque quería a su mamá», relata. Afortunadamente, su profesora habla inglés, lo que facilitó su adaptación. «Ahora ya habla en la pizarra, repite palabras en mandarín y se siente cómodo en el colegio», asegura.
El desafío del idioma y la cultura
La comunicación ha sido otro gran reto. «En Egipto no hablábamos inglés y fue horrible. No podíamos entendernos con nadie, y eso nos obligó a aprender lo básico para sobrevivir. En China al principio también fue difícil, pero me propuse aprender inglés y ahora lo manejo bien. Chino hablo muy poco, solo lo necesario para el día a día», dice.
También ha vivido experiencias impactantes con las diferencias culturales. «Una vez vimos perros pelados colgados como carne en un mercado. Fue atroz, pero entendemos que son costumbres de algunas regiones rurales», comenta. Sin embargo, la peor experiencia que ha vivido fue en Egipto: «Un taxista nos dejó fuera de la ciudad, sacó un machete y nos quiso atacar por darnos un beso. Allá las mujeres extranjeras tienen menos valor que un burro. Fue terrorífico», recuerda.
Un futuro sin fronteras
Pese a todos los desafíos, Victoria sigue amando su vida nómada. «Nosotros no conocemos la estabilidad y, aunque ahora estemos fijos en China, sé que pronto volveremos a movernos. El circo es nuestra vida y el trapecio nuestra pasión», dice con convicción.
A través de su cuenta de Instagram @vitolia5, comparte su historia y experiencias con miles de seguidores, demostrando que la vida circense es mucho más que espectáculo: es un viaje constante lleno de desafíos, aprendizajes y emociones fuertes.


