Se sacrifica por sus hijas, A ellas les encanta, explica
Detesta el frío y una vez pasó una vergüenza atroz cuando se cayó de un andarivel.
Hasta antes de ser madre, Marcela no tenía ni una onda con los centros invernales. »Nunca aprendí a esquiar. Además, me carga el frío y eso de tener que andar abrigada con gorro, guantes, parka y esas botas gruesas horribles. Entonces para los que no esquiamos es una lata. No hay mucho que hacer y al final, me lo paso encerrada», alega.
-¿Te quedas viendo tele?
-Bueno, estoy sonada, nomás. Lo rico es que ahora estamos en el departamento de unos amigos. Porque cuando subimos por el día estoy obligada a quedarme todo el día sentada en el restaurante tomando café tras café…
-¿Algún trauma en particular con la nieve, Marcela?
-La primera vez que me subí a un par de esquíes fue a los 28 años con Rafael en Portillo. Nos invitaron a uno de esos típicos eventos por el fin de semana y fue atroz. Me convencí de que no tengo facilidad para el cuento. Me da terror tener un accidente y me quedo en estado de shock y así nadie puede aprender, ¿te fijái?
-¿Te caíste?
-No. Quedé traumada una vez que tuvieron que parar tres veces el andarivel, porque yo figuraba botada en el suelo. Qué vergüenza más grande.
Imagínate lo bruta que soy que me caí tres veces en el mismo lugar. Atroz.
-¡Un suplicio!
-Lo rico es que mis hijas están aprendiendo el descueve. Y Rafael, aunque no es un experto tampoco, es súper aporrado. Entonces él acompaña a las niñitas, que también andan acompañadas de un instructor… Pero el próximo jueves nos vamos a México. Queremos ir a la playita para buscar un poco más de sol.


