Chris Culbertson alguna vez se llamó Carlos Catrileo Huenulaf
Una carta de su madre biológica dice: Quiero que mi hijo tenga más oportunidades de las que podría darle yo.
Al año siguiente Chris viajó a Chile con sus padres en un primer intento por conocer a su madre biológica. No le fue bien, pero logró conocer a los que en realidad fueron sus primeros padres adoptivos. «Antes que yo naciera mi madre ya me había dado en adopción a un matrimonio que me tuvo durante los primeros seis meses de vida. Ellos no conocían mucho a mi madre, solo sabían que estaba embarazada. Después aparecieron mis padres definitivos que fueron los que me llevaron a Estados Unidos».
Pasaron los años y Chris se enteró de que la historia era aun más enredada. Descubrió que el nombre que le pusieron al nacer no fue propiamente chileno, sino mapuche. Era que no. En algún momento se llamó Carlos René Catrileo Huenulaf. Chris sintió una nueva urgencia de regresar a Chile.
«Ingresé a la universidad para estudiar historia y castellano, porque un chileno que no habla castellano, no es buen chileno y yo quiero sentirme chileno. Y después me conseguí una pasantía en la Fundación Chol Chol, en Temuco, donde llegué hace cuatro meses, en parte para aprender más sobre mis raíces mapuches, pero sobre todo para ubicar a mi madre».
Chris se ha imaginado aquel encuentro un sinfín de veces. Se ha puesto en todos los escenarios posibles, incluso en el que ella no quiera conocerlo. Con todo, Chris sabe perfectamente lo que le diría. «Lo que haría sería darle las gracias por la oportunidad que me dio para tener una buena vida. Ella perfectamente pudo haber elegido matarme, pero me dio la opción de la vida que para mí ha sido un regalo». De su padre biológico, Chris dice que no tiene mayor interés.
«Ella pudo haber elegido matarme, pero me dio la vida que para mí ha sido un regalo»Chris Culbertson, el joven adoptado


