La mítica estrella de boxeo ahora es vegano y se convirtió al Islam
Durante años, el ex campeón mundial combinó las peleas con su afición por las aves. Su primera combo lo pegó para defender una. Hoy tiene mas de 900 en un criadero.
Cuando el año pasado Mike Tyson (44) volvió a su natal Brownsville, Nueva York, después de casi 30 años, quedó en shock. Ya no había miseria, sino edificios altos, cámaras de vigilancia y condominios a la venta por millones de dólares. «Hasta apareció una mujer blanca. Cuando era niño, la habrían asaltado, violado y abandonado muerta. Me dieron ganas de llorar. Pensé: ¿dónde demonios están mis orígenes? «, contó el año pasado a la revista «Details».Los tiempos han cambiado. Y no sólo en Brownsville. Para Tyson también. Después de tocar el cielo como campeón mundial de boxeo y de estar en algo bien parecido al infierno (estuvo dos veces preso, por violación y drogas, y se declaró en bancarrota el 2003), ahora el moreno lleva una vida familiar y tranquila. Casado con Lakiha Spicer, convertido al Islam, declarado vegano (no consume productos de origen animal) y retirado de los combos, su única preocupación por estos días es bailar en un programa de televisión argentino y desarrollar una pasión hasta ahora oculta para la mayoría: cuidar de las más de 900 palomas de carrera que tiene en una azotea de Nueva Jersey, afición que revela en la serie documental «Cara a cara con Tyson», que Animal Planet emitirá en Chile los jueves, desde el 16 de junio, a las 21 horas.
El primer nocaut
Al ser un niño marginal, gordo y retraído, Tyson tenía serios problemas de adaptación en su época escolar. Sufría bullying de sus compañeros y prefería aplanar calles en solitario en vez de entrar a clases. «Sólo iba a la escuela a buscar mi desayuno y mi almuerzo. Pero me lo llevaba, porque si no, me lo quitaban», recuerda hoy, sentado en el cómodo sillón de un hotel cinco estrellas en Manhattan (ver nota secundaria).
Fue en una de esas jornadas que descubrió las dos pasiones que le cambiarían la vida. Siguiendo a una pandilla callejera, llegó ilegalmente a una azotea en donde vio por primera vez un criadero de palomas a maltraer. Fue tal el impacto que le causó, que comenzó a recogerlas de la calle. Tenía once años y las aves eran su única compañía. Un día fue abordado por un matón del barrio quien le arrebató una de sus palomas, le sacó la cabeza y esparció la sangre sobre la cara de Mike. Como respuesta, Tyson dio el primer golpe nocaut de su existencia.
«Es mi hermano»
En la esquina de Tonelle y Manhattan, en Jersey City, Nueva Jersey, no hay glamour. Rodeado por un cementerio de automóviles, un motel de 49 dólares por noche y una vulcanización, el lugar es conocido por albergar al Ringside, el primer lugar donde llegó Tyson a entrenar. Es una casa pequeña, en cuyo living hay un viejo ring.
Mario Costa, dueño del lugar, manager y mejor amigo de Tyson, abre la puerta con una sonrisa, saca un puro y recuerda la primera vez que lo vio. «Era un chico gordo. Parecía inofensivo. No es que era un tanque. Pero pronto se puso a punto y comenzó a impresionar», dice. Con el tiempo se hicieron íntimos. Mike lo llevó a su casa y se lo presentó a su madre. «Ella le dijo, ¿quién es este tipo? Y Tyson le respondió: Mamá, él no es un tipo, es mi hermano «, recuerda.
A tanto llegó su complicidad que ahí mismo el boxeador comenzó a coleccionar palomas. «Recuerdo que cuando perdió con Lennox Lewis (en 2002) estaba destrozado. En broma le dije: bueno, Clinton es ex presidente y tú ahora eres ex campeón . Él se rió y me dijo: lo único que me importa es ir a mirar mis aves . Así que vinimos y estuvo aquí por horas. A veces se quedaba dormido al lado de ellas. Y nosotros respetábamos eso. Siempre mantuvimos su secreto y creo que ahora, por fin, encontró la felicidad», relata Costa.
Hoy, en la azotea de la propiedad de Costa está el Tyson's Corner, un criadero con cerca de un millar de ejemplares. Vinnie Torre, el profesional de las carreras de palomas que asesoró a Mike en el proceso, las cuida. «Hay que ponerles mucha atención, porque son delicadas. Mike no viene todos los días, pero me encargo de que cuando lo haga, esté todo en orden», dice. Así tiene que ser, porque en esta nueva etapa del peso pesado, no hay nada que lo irrite más que ver que una de sus aves lo está pasando mal.


