La subteniente de la FACH tiene 24 años, vive en Puerto Montt y desde chica sigue los concursos de belleza
Volar para mí significa trascender límites, incluso el cielo, señala la joven, de padre chileno y madre venezolana.
Los deseos de Michelle Martin (24) la han llevado a alturas tan impensadas como literales. Desde 2019, la ciudadana chileno-venezolana forma parte de la Fuerza Aérea, un proyecto personal que apareció en su vida durante la adolescencia tan solo como un sueño, hoy convertido en realidad: tras egresar de la Escuela de Aviación en diciembre de 2022, logró transformarse en piloto y comenzar a volar por los cielos del país.
Bajo ese contexto castrense, la joven decidió perseguir actualmente otro anhelo, incluso anterior al de ser aviadora. La semana pasada se hizo pública su participación en el concurso Miss Chile para Miss Universo, certamen en el que representa a la ciudad de Puerto Montt (donde vive) y que significa para ella conectarse con ciertas aspiraciones infantiles. «Desde pequeña soñaba con participar en un concurso de esta magnitud. Crecí viéndolo con mi familia y siempre me maravilló cómo el mundo se detenía para escuchar el mensaje de cada participante», expresa la candidata, quien vivió su niñez en Venezuela, país que figura como potencia mundial en concursos de belleza.
«La cultura venezolana valora profundamente estos certámenes, son parte de nuestras tradiciones. Es un motivo de orgullo y una ocasión para la unión familiar», suma Michelle, de padre chileno y madre venezolana, radicada en nuestro país desde 2016. «Poder compartir mi historia y tener la esperanza de inspirar a otras niñas y mujeres a pelear por sus anhelos, es en sí mismo un sueño hecho realidad para mí», señala ella, quien además de participar siendo niña en clases de baile y de música, estuvo un tiempo en clases de modelaje.
¿Por qué decidió participar de este concurso siendo piloto?
«Lo que me motivó fue la oportunidad de compartir mi experiencia en la Fuerza Aérea de Chile, y cómo ésta me ha provisto de herramientas fundamentales para afrontar retos».
Me imagino que debió pedir permiso en la FACH.
«Al presentar mi interés en participar en Miss Chile, recibí un apoyo inmediato, lo que refleja el compromiso de la institución con nuestro crecimiento y bienestar».
¿Cómo reaccionó su entorno con la noticia?
«Mi decisión de participar ha sido acogida con entusiasmo tanto por mi familia en Chile y Venezuela, también por mis camaradas en la Fuerza Aérea. Este apoyo refleja el espíritu de unidad y colaboración que nos caracteriza como gran familia aérea, donde celebramos los logros individuales como éxitos colectivos».
Pasión por volar
En poco más de un año de experiencia como piloto de guerra, Michelle ha podido volar aeronaves como el T-35 Pillán, el Cessna Citation CJ1 y otros aviones de la Fuerza Aérea de Chile, con los que sigue formándose. En ese aspecto, el jueves pasado la joven finalizó un curso de vuelo por instrumentos (basado en el control del avión sin necesidad de ver el entorno). Ella lo terminó como la mejor de su clase.
Michelle habla: «El haber obtenido la primera antigüedad en el curso era un desafío que me propuse antes de empezar. Sobresalir en este programa no solo fue un honor, sino también una confirmación de mi compromiso con la excelencia y la mejora continua? (Antes) también logré obtener el primer lugar en el curso de vuelo impartido en la Escuela de Aviación, por lo que sabía que podía lograrlo nuevamente con mucho esfuerzo y dedicación».
¿Cómo puede volar sin ver el entorno?
«Dentro de la carrera como oficial piloto de la Fuerza Aérea de Chile se debe realizar ese curso, el cual consiste en poder volar la aeronave en condiciones meteorológicas adversas. Para eso existen instrumentos que permiten orientarse y realizar procedimientos, tanto básicos como avanzados, para poder despegar, navegar y aterrizar sin problemas. Eso exige mucha dedicación y esfuerzo».
¿Puede describir lo que siente cuando vuela un avión?
«Volar para mí significa trascender límites, incluso el cielo. Eso me permite apreciar el mundo desde una perspectiva única. Pero más allá de la vista, volar en la Fuerza Aérea implica una misión mayor, una dedicación a proteger y servir a nuestra nación en todo momento, especialmente en situaciones adversas».
La piloto confiesa que su compromiso por defender al país conlleva incluso «dar hasta la vida si fuese necesario». «Así nos enseñan y trasmiten su sentimiento los instructores», establece.
¿Difícil volar aviones?
«No es nada fácil, pero tampoco imposible. Se necesita de mucho estudio, compromiso y desarrollo de habilidades para lograrlo, pero el más importante es la actitud y el apoyo con que se cuenta».
¿Qué es para usted la aviación, Michelle?
«La aviación es mi pasión. La experiencia de volar aviones en la Fuerza Aérea me ha permitido enfrentar desafíos únicos. Gracias a ella he podido desarrollarme profesionalmente sin comprometer mi esencia femenina. Este entorno me valora por mis competencias y habilidades, también me ha ofrecido oportunidades inigualables de aprendizaje y crecimiento. Es lo que más me gusta hacer».


