Logró el primer ascenso registrado al Sharphu IV, una montaña inexplorada de 6.400 metros
La expedición, sin rutas previas, fue reconocida por el Ministerio del Deporte de Nepal. Cuando el cuerpo ya no da más, es la cabeza la que decide, dice Hernán Leal.
A los 58 años, Hernán Leal, empresario, escritor y montañista chileno sumó un nuevo logro a su vida: convertirse en la primera persona (registrada oficialmente) en alcanzar la cima del monte Sharphu IV, una montaña de 6.400 metros ubicada en la remota zona del Kangchenjunga, Nepal. La hazaña fue reconocida oficialmente por el Ministerio del Deporte de Nepal, luego de que el equipo documentara la ruta, los puntos GPS y presentara la evidencia al regresar al campo base.
«Que muestren pruebas de una ascensión anterior. El Ministerio lleva el registro de todos los ascensos. A nuestro equipo nos dieron la primera cumbre», afirma orgulloso para quienes ponen en duda si realmente fue el primero.
Él oriundo de Osorno comenzó a escalar a los 44 años, sin haber practicado deportes de alto rendimiento antes. Sin embargo, hoy puede presumir haber llegado a la cumbre del monte Everest en dos ocasiones, incluso escalándolo por rutas distintas, además de múltiples montañas de más de 6 mil metros y un gran historial de expediciones documentadas.
«La montaña me sacó de la zona de confort y me cambió la vida», dice, además de comparar la planificación de sus ascensos con la lógica de emprender un nuevo negocio. «Escalar y emprender es parecido».
Escalada nocturno
Tras dos años sin lograr llegar a una cumbre en distintas expediciones, Leal buscó un nuevo desafío. Consultó con su sherpa (miembro de un grupo étnico de Nepal, caracterizado por ser guía de montañistas) y surgió la posibilidad de intentar el Sharphu IV
«Era un reto inédito. Habían hecho tres expediciones en los últimos 20 años y nadie lo habia logrado, pero parecía posible», cuenta.
El equipo estuvo conformado por cuatro personas: los sherpas Sonam y Nagda, la camarógrafa Purnima, y él. Partieron hacia la base de la montaña, a 4.700 metros de altura sobre el nivel del mar, tras dos días de caminata. La zona era hostil, rodeada de montañas imponentes, sin rutas marcadas ni registros previos. El primer gran desafío fue decidir por dónde subir.
}Durante semanas estudiaron la montaña desde distintos puntos. Finalmente, optaron por una ruta por el este-noreste y comenzaron el ascenso. Debieron crear terrazas para montar campamentos a 5.250, 5.350 y 5.560 metros. En uno de ellos, quedaron al resguardo de un serac (una masa colgante de hielo que puede ser del tamaño de una casa), lo que los obligó a escalar hacia la cumbre durante la noche, cuando el frío reduce el riesgo de desprendimientos.
E
l ascenso fue técnicamente complejo: debieron sortear grietas invisibles, cruzar zonas de avalanchas y enfrentar una pendiente final con una roca vertical de 80°. El tramo cúlmine lo hicieron rodeando esa roca por un costado, ganando altura lentamente hasta llegar a la cumbre, donde apenas cabía una carpa.
«Fue una escalada entretenida, muy peligrosa y adrenalínica. Me sentí incluso más complacido que escalando unos 8 mil metros», relata Leal.
Hito
Una vez en la cima, el equipo registró imágenes, marcó la ruta y celebró una conquista que, hasta entonces, permanecía virgen. De regreso en Nepal, fueron recibidos por las autoridades del deporte, quienes confirmaron el hito. Además, Leal donó el equipo Starlink usado en el campo base a la villa de Ghunsa, convirtiéndose en la primera conexión a internet que tiene esa comunidad.
La expedición se apoyó también en tecnología satelital y predicciones meteorológicas con inteligencia artificial.
«Usamos un GPS Garmin y recibíamos los pronósticos de un meteorólogo belga que conocí en la Antártica, uno de los mejores. La inteligencia artificial permitió anticipar el clima con hasta una semana de precisión, cosa que el pronóstico normal no podía», explica.
En total, el ascenso y descenso tomó cinco días. A pesar del hambre, el frío extremo y el desgaste físico, Leal afirma que la mayor exigencia fue mental. «Yo tengo un implante en la tráquea que me reduce la capacidad respiratoria y una lesión en el hombro. Cuando el cuerpo ya no da más, es la cabeza la que decide», confiesa.
Para él, el respeto por la montaña es fundamental. Recomienda empezar con rutas fáciles y aumentar la dificultad de forma progresiva. Entrena con un psicólogo especializado en deportes de riesgo, quien lo ayuda a mantener la calma y tomar decisiones bajo presión. «La montaña es como la vida: hay que saber cuándo seguir y cuándo parar», dice.
Hernán Leal no descansa. Ya planea su próximo desafío en el Himalaya para el segundo semestre de este año. Mientras tanto, deja un legado visible: una ruta abierta para quienes se atrevan a seguir sus pasos en el Sharphu IV.


