Tras el fallido enroque en Mega, el conductor de Mucho gusto no se guarda nada.
Este martes, José Antonio Neme dijo en «Mucho gusto» que un servidor tenía una relación de «amor-odio» con él. Se equivoca. Es solo amor; a veces más evidente, en forma de alabanzas, y a veces más incomprendido, adoptando las características de una crítica.
Porque uno critica a alguien que estima y lo hace para que mejore, ¿verdad?
De él quiero hablar hoy porque encuentro que hay diferencias notorias entre el Neme pre y post enroque fallido en Mega. Enroque hasta por ahí no más, porque no significaba que José Manuel Astorga le dejaba graciosamente la conducción de «Meganoticias» para tomar la del matinal de ese canal. Más bien se iba para la casa.
Hoy vemos a un comunicador mucho más libre. Uno que tiene a dos diputados en vivo y en directo en sendos recuadros y les dice «¡Así de estúpidos se ven ante la ciudadanía!», representando en ellos toda la desaprobación que la gente siente ante la clase política.
Uno que opina al aire que a los delincuentes «hay que sacarles la CTM» y acto seguido le pide al televidente adulto que desglose la sigla en casa, explicando que no puede decir la expresión porque puede haber menores frente a la pantalla.
No todo fue tan malo entonces luego del numerito de Mega de comienzos de marzo. Ese episodio trajo como consecuencia positiva este incremento exponencial en las tasas de sinceridad de alguien de quien se pensaba que ya había topado techo en este aspecto.
Antes terminaba muchas de sus intervenciones diciendo, casi mascullando en realidad: «Pero no quiero decir más porque dejaría la escoba». Ahora toma la escoba y la lanza a las cámaras. Se acabaron los filtros, las autocensuras y lo políticamente correcto. Enhorabuena.
José Antonio (o «Jose», con énfasis tonal en la penúltima sílaba, como le dicen, no sé por qué, tanto a él como a Viñuela) es como el niño del cuento clásico de Hans Christian Andersen, ese que gritaba «¡El emperador está desnudo!», mientras todos en el reino se hacían los Larry.
Es bueno que esto suceda. Es necesario que haya alguien que todavía se escandalice al ver que los ambulantes están vendiendo en los andenes del Metro, como es el caso de Neme, o que se cobre estacionamiento a familiares vulnerables de pacientes de Cerro Navia (como Julio César Rodríguez y Eduardo de la Iglesia en el matinal de Chilevisión este miércoles). Si no, estas incivilidades e injusticias se normalizan y ahí sí que se pudrió todo.


