Katherine León, psicóloga, dueña de restaurante, y apasionada por la vida orgánica
Cree que no es tan difícil darse un tiempo para probar comida que se sepa de dónde viene y no sea tan híper procesada.
Katherine León siempre sintió que tenía una sensibilidad especial respecto de la comida. En la universidad, mientras estudiaba psicología, era de las pioneras en ir a las ferias orgánicas en búsqueda de algo más de verdad, a los asados llegaba con sus hamburguesas de lentejas. Hace 14 años que inauguró La Fraternal, restaurante con un mix de vegetariano, vegano, crudo y orgánico, en el que además hay clases y educación constante respecto de este estilo de vida.
«Estuve seis años en Francia. Me fui a estudiar, me casé, trabajé y tuve mellizos, que ahora tienen 14 años. Cuando estuve allá me metí más en el mundo de lo orgánico, porque allá trabajé en una cooperativa. Eso me amplió la mirada». Volvió a Chile sin encontrar demasiadas alternativas. «En esa búsqueda de prolongar este estilo, encontré un localcito en el que vendían algunos productos orgánicos, un día pasé a comprar quinoa, y el dueño me dijo que estaba a la venta. Ese local es hoy La Fraternal».
¿Cuál es el desafío para abrirse ante tanta competencia que existe hoy en restaurantes veganos y vegetarianos?
«Es muy desafiante. Además hay un tema contractivo en la economía; se siente que la gente está gastando muy poca plata. Creo que nosotros marcamos la diferencia porque estamos constantemente impartiendo cursos y talleres. Ahora estamos haciendo uno que se llama «Cocina Creativa Desinflamatoria». Como psicóloga, acompaño también a clientes que están en esta transición, cambiando a hábitos más saludables».
Hay mucha gente a la que le parece que es difícil alimentarse así, llevar una dieta tan cuidada.
«Muchos me han dicho que la alimentación orgánica, o más real, es muy cara. Y, puede que sea así, pero esto es como una ecuación en donde si tú aíslas las variables, y comienzas a comer de esta manera, a mediano plazo, o a corto plazo, se reducen las visitas al médico; te enfermas menos, te sientes mejor, más liviano, más lúcido. Creo que vale completamente la pena».
Usted eliminó totalmente la comida refinada, eso no debe ser fácil.
«Estar en salud también es ser feliz, y eso es estar en sociedad, en comunidad con la gente que uno quiere. Entonces, si vas a un lugar y están todos comiendo algo, yo lo como igual».
Usted es psicóloga, ¿cómo se maneja llevar una dieta que para mucha gente es muy cerrada, ser parte de la sociedad y no caer como en una especie de neurosis constante?
«Tengo la impresión de que yo vivo como en esta burbuja de La Fraternal, me relaciono con mucha gente que vive y come de esta manera, entonces nunca me he sentido tan alienada. El papá de mis hijos, con el que estuvimos casados 13 años, siempre fue vegano, como que nos encontramos nomás, así es como se arman las tribus. Pero, nuestra apuesta no es demonizar tampoco a la gente que come carne o que vive de una determinada manera, queremos abrir la posibilidad de mostrar que hay una manera inteligente y responsable de comer».
Ahí está la ventaja del mercado de hoy: pueden existir crudiveganos, veganos y todos tiene un espacio, ¿no?
«Y los gustos también se han vuelto más sofisticados, nuestros menús son súper gourmet. Entonces eso hace que la gente se acerque y diga, ah, este prejuicio que hay de que lo vegano que es solo ensalada, ya está desmitificado. Tanto en El Quinoa, El Huerto o La Fraternal hay platos súper elaborados y exquisitos, pero creo que nosotros somos de los pocos que quedamos que vendemos platos crudos, raw food».
Pero hay veganos y veganos.
«Esa es como mi crítica al mundo vegano: hay mucha chatarra, mucha gente comiendo mucha fritanga, soya, salchichas, sin saber cuál es el origen. El principio de real food en el fondo es comer los alimentos en su estado natural. Estamos en una ciudad en donde todo pasa rápido, entonces la gente necesita algo que sea así y barato también. Ahí surge la gran problemática: no sabemos lo que estamos comiendo».
Cinco opciones para comer vegano fácil
1.- Donde Arsenito (Artesanos 719, local 76, Vega Chica): Comida casera vegana, como porotos y pastel de choclo.
2.- Catapilcana (Plaza Italia, Metro Baquedano). Buena variedad para golosear, hay cazuela de tofu y completos.
3.- La Conversería (Irarrazaval 660): ¿Antojado de algo dulce? Aquí hay muchas opciones de pastelería vegana.
4.- El Naturista (Moneda 846): Uno de los clásicos de la ciudad, reconocido por su enjundia.
5.- Completo Feliz (Salida de Metro Patronato): Aunque es un carrito, sus completos hacen que valga la pena darse un tiempo.


