Un valiente de verdad
Sus armas no fueron de fuego, su uniforme no fue el de su ejército, que habitualmente usa, sino dos alas rosadas que sobrevolaban un traje del mismo color.
La esencia de cada soldado, lo que busca y a veces encuentra no es otra cosa que el coraje. La valentía de enfrentar las balas o las bombas, el seguro ataque, la muerte muchas veces también segura; y no arrancar y seguir adelante en nombre de algo más grande que la vida misma. Eso que también se llama patria, y es sobre todo los que amas y te amaron, los que necesitan de tu mano y protección.
Para eso pelea el soldado, para demostrar que la valentía existe y vale la pena. Nadie ha demostrado mejor estos valores que el cabo Salgado. Sus armas no fueron de fuego, su uniforme no fue el de su ejército, que habitualmente usa, sino dos alas rosadas que sobrevolaban un traje del mismo color. Maquillado y peinado en plena calle le probó a su hija y a su patria, un coraje sin límites, el de sobrepasar el «qué dirán» y jugar el juego hasta el final.
De ese metal están hechos los héroes, del que quiere hacer feliz y ser feliz con su hija más allá de todos y cualquier estereotipo, y pasear por la calle de su pueblo vestido de mariposa. Un disfraz que no lo hace menos soldado sino, por el contrario, subraya su vocación de valiente que no teme las miradas y sabe que querer a los que quieres lo mejor que puedes es la única batalla imprescindible, la única victoria innegable.


