Ludmila Ksenofontova es parte del show Estrellas sobre hielo
Al principio, a su marido le complicó por la logística familiar y sus cuatro niños. Sin embargo, ahora todos están orgullosos de su retorno, que será hasta mediados de agosto.
Hace 16 años que no patinaba en hielo, menos en un espectáculo circense. Sin embargo, un llamado generó que Ludmila Ksenofontova, la esposa rusa de Álvaro Ballero, aceptara retomar sus patines y convertirse en invitada de uno de los montajes del circo «Estrellas sobre hielo» (para sus funciones en Santiago), que por estos días tiene hasta tres funciones diarias en el Mall Arauco Quilicura.
No es algo nuevo para la europea. Durante casi una década fue parte del «Circo ruso sobre hielo», labor que la acercó a Chile y, finalmente, a enamorarse y establecerse en este lado del mundo.
«Lo primero que pensé cuando me ofrecieron volver fue: ¿Qué hago con los niños? Y después pensé que ya estaban más grandes. Yo soy mamá 24/7, no tengo a nadie que me los cuide. Entonces con Álvaro lo primero que hicimos fue ver cómo lo hacíamos para organizarnos», reveló la artista, aludiendo a sus cuatro retoños de 15, 12, 10 y 7 años.
Así, la pareja acordó que Ballero se tomara una semana de vacaciones en su trabajo como gerente de marketing de la empresa Colliers, días que ella aprovechó para ensayar apenas dos veces en la pista Cero Grado del Parque Araucano y después lanzarse con todo al estreno del jueves pasado (estará hasta agosto).
Ha sido bien intensa su vuelta, Ludmila.
«Sí, volver no fue tan fácil como se ve, pasé por muchas emociones diferentes. No es lo mismo, el cuerpo no es el mismo, pero finalmente esto es como andar el bicicleta, se recuerda. Igual no hago cien por ciento lo que hacía antes, pero para mí lo importante es la presencia y las ganas, la pasión».
¿Y qué hace dentro de este show?
«Hago un número especial que lo hice antes, que se llama La dama de la magia sobre hielo, donde hago magia y uso un traje negro con piedras, como un esmoquin. No le he contado ni siquiera a toda mi familia ni amigos, porque estaba con tantas emociones, ansiedad, estrés. Traté de concentrarme conmigo, con lo que venía».
¿No se ha caído ni nada?
«No, menos mal, jajá. Pero nosotros nos caemos, hay patinadores que hacen giros y saltos, y sí, pueden caerse. Pero yo no tengo tantas piruetas en mi número ahora».
La pareja de Ludmila, Álvaro Ballero, confiesa que para él tampoco fue fácil. «Al principio, debo ser honesto, me compliqué, porque somos muy prejuiciosos los chilenos. Y pensaba que la gente se iba a cuestionar por qué Ludmila había decidido volver al circo. Pero después, cuando me di cuenta que ella se lo tomó con mucha naturalidad, y que realmente era algo que le apasionaba y era una gran oportunidad para ella, me relajé y la apoyamos todos como familia», confesó.
¿Cómo la ha visto en estos días?
«La he visto contenta, de haber retomado ese espacio tan importante de desarrollarse profesionalmente, porque ella se ha dedicado todos estos años a la crianza de los niños. Entonces se reconectó con esta pasión que tiene desde niña y con la pasión de conectarse con el público. Y eso me ha sorprendido, la he visto empoderada, me siento orgulloso».
¿Cómo se organizaron?
«No fue fácil, porque la oferta llegó de un momento a otro. Tuve que pedir permiso en el trabajo, porque nosotros no tenemos nana ni nada. Fue inesperado, pero lo pudimos a organizar a última hora con el apoyo de mi trabajo y mi jefe».
¿Todavía no ha ido a verla a su show?
«No, porque pese a que Ludmila es rusa, de una cultura más pragmática y más fría, es muy latina para sentir. Y ella nos dijo: Imposible que me vayan a ver, porque se iba a poner muy nerviosa. Entonces nos pidió que fuéramos cuando ya tuviera más días de training. Así que pretendemos ir a verla cuando ya lleve unas dos semanas de show».


