«No puedo entender que le hayan disparado por adelantar un auto»

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Mackarena Riveros murió de dos disparos en San Pedro de la Paz

El tío de la profesional asesinada dice que quería comprar una casa y casarse con su pareja.

El cuerpo de Mackarena Riveros Sáez (33) está siendo velado en la casa de sus papás en la población Lauri, de Coronel, Región del Biobío. Su familia, amigos y vecinos adornaron la reja y puerta con globos blancos, azules y rosados, fotos de ella y carteles pidiendo «justicia para nuestra sobrina, hija y hermana».
Todos están en shock por su inexplicable muerte este domingo 17, alrededor de las 15:30 horas. Según el relato realizado por su pareja, Jorge Molina Alvarado (38) a la policía, todo sucedió en cosa de segundos.
Molina conducía su Hyundai Tucson blanco por la Ruta 160, que une Coronel con San Pedro de la Paz. Mackarena iba de copiloto y la hija de su pareja en el asiento de atrás. A la altura de la pasarela Los Claveles adelantó a un vehículo color negro que avanzaba más lento.

La maniobra, según los reportes policiales, molestó a los ocupantes del auto negro. Mackarena alcanzó a decir que los sujetos «iban loqueando», cuando Molina vio avanzar zigzagueante al vehículo oscuro y escuchó unos impactos balísticos. Dos de ellos le llegaron a la mujer, que falleció de manera instantánea en el mismo lugar.

Salida familiar
Su tío y padrino Juan Sáez dice que la quería «como una hija. Era muy cariñosa».
El hombre se quiebra: «Me la mataron. Yo quisiera estar llorando tranquilo mi pena, pero necesito pedir justicia. Estamos pagando el pato por todos los delincuentes que andan libres. No puedo entender que le hayan disparado por adelantar un auto. ¿Tan apurados andaban? No hay ninguna excusa para sacar un arma y disparar a matar a una persona».
Sáez cuenta que Mackarena aprovechó el feriado del viernes 15 para reunirse con sus papás, hermanos y sobrinos en el campo familiar. Ella regresó el sábado a San Pedro de la Paz y el domingo salió a almorzar con su pareja y la hija de él.
«Estaba contenta, nos mandó por WhatsApp fotos de ellos comiendo», relata.
Mackarena era prevencionista de riesgos y trabajaba en una empresa. «Era una niña intachable, le gustaba estar en la casa, hacer vida familiar. Era maravillosa. Llevaba harto tiempo de pareja con Jorge. Habían sacado un crédito (hipotecario) y estaban buscando una casita para comprar. Querían formalizar la relación, hacer un compromiso y casarse».
 
Armas en las calles
Este lunes, la seremi de Seguridad del Biobío, Paulina Stuardo, tuvo su reunión semanal con funcionarios de las policías y gendarmería de la región. El asesinato de Mackarena fue el tema principal abordado.
«Tenemos una concentración de delitos en Concepción, Talcahuano y San Pedro de la Paz. Muchos de los homicidios ocurridos son por rencillas previas, que no es el caso de este homicidio que ha generado tanta conmoción. Nos preocupa la presencia de armas en el territorio y el aumento de la violencia. Estamos trabajando esta materia en específico», señala.
No es azar
Aún impactada con con la noticia, la filósofa y ensayista Lucy Oporto busca una explicación al caso de Mackarena. Y dice que ésta se encuentra en varios aspectos.
Por un lado, habla de la pérdida del respeto a la vida. «Es un índice de la banalización y normalización del homicidio, sobre todo de personas inocentes. De la extinción tanto del Estado de derecho como del monopolio de la fuerza legítima por la fuerza pública; y del avance de la dictadura del crimen organizado, que ya cuenta con el terror eficaz, el debilitamiento, la complicidad y la corrupción de vastos sectores de la población», señala.
Pero hay algo peor, afirma. «Este episodio, de una completa desproporción, parece azaroso, pero, en el marco del avance del crimen organizado, su gigantesco poder de fuego y económico, y la responsabilidad de la clase política en su permisividad, sujeta a sus intereses ideológicos, no lo es».
Por otra parte, destaca la facilidad para portar armas: «Existe un enorme poder de fuego en el país, el cual avanza, a pesar de los esfuerzos de las policías: todos los días mueren personas baleadas, incluso niños. Además, hay uso de armas largas, exhibidas con ostentación, como demostración de poder y de que aquí mandamos nosotros».

La filósofa no duda en hablar de responsables de esta situación. «Ha habido desidia, laxitud, falta de atención, arrogancia, autocomplacencia, exitismo, inconsciencia y falta de prevención, por parte de las autoridades, la clase política, y la mayor parte de la sociedad, en cuanto al avance de esta violencia, vinculada al crimen organizado, cuyo principal interés son sus negocios. Un elemento capital a considerar es el avance de la corrupción de funcionarios del Estado, fenómeno que se ha ido mostrando más abierta y escandalosamente en los últimos meses», asevera.

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