La cientista política e hija de Karen Doggenweiler se maneja en todo tipo de plataformas
Comenta la contingencia internacional y afirma que en este tipo de espacios hay humor y se crea comunidad.
Para lidiar sin problemas con los cuatro trabajos que tiene, Fernanda Cornejo es muy disciplinada y tiene una estructura diaria. Así es como la cientista política se maneja para participar en el canal de noticias C5N, donde hace análisis internacional, en la editorial Perfil, en Radio 10 y en la radio Futurock todos los domingos. Estas labores las cumple desde hace unos dos años, pero ahora la buscaron desde otro tipo de plataforma que allá está muy de moda: los programas de streaming.
«Hace poco fui al streaming de Gelatina y ya he participado dos veces en el programa de Tomás Rebord en Blender. Ellos me llamaron y así se dio todo», cuenta la hija de Karen Doggenweiler, que se instaló en la capital trasandina en octubre de 2023.
En Blender -canal que entre YouTube, Instagram y TikTok suma más de 1.500.000 seguidores- fue a comentar la guerra comercial entre los presidentes de Brasil y Estados Unidos. Con un tono relajado, entregó todos los datos concretos y luego, con humor, respondió a la pregunta de quién ganaría si Lula y Trump tuvieran un pleito físico. Toda esta conversación fue acompañada por un trago de autor hecho por un barman que estaba en el set. «Evidentemente que Lula le ganaría a Trump, ¿en qué planeta se les pasó por la cabeza que no?, jajajá», dice Fernanda.
¿Qué es lo que le gusta del streaming?
«Es divertido. Estoy muy acostumbrada al formato tele; se me da muy cómodo, y el streaming me toca hacerlo en el programa que tengo todos los domingos, que se llama Un mundo de sensaciones en la Futurock, que son tres horas de transmisión con otros tres compañeros fantásticos. Es un espacio que me exige mucho. Y en cuanto al rol de invitada en streaming, que es distinto, es algo divertido, hay humor y se crea comunidad. Eso es muy interesante porque los streamings no son masivos, aunque alcanzan números gigantescos. Es hablar en un lenguaje que los del otro lado están esperando, son los mismos códigos. Es genial».
¿Le pagan por ir a esos espacios?
«No, no se paga. Al menos a mí no, y yo no cobraría. Lo veo como una invitación y me interesa hacerlo por la experiencia, porque son formatos distintos y es compartir con gente que a mí me parece muy inteligente, muy relevante. (En los streamings) hay que hacer un switch a la cabeza y sirve mucho como una especie de práctica y aprendizaje. Está muy bueno».
Marco Enríquez-Ominami y su mamá saben mucho de estos formatos.
«Sí, saben mucho de estos formatos y yo les mostré uno de Argentina que me gusta mucho y lo vi con ellos. Me aconsejan todo el tiempo y lo agradezco muchísimo. Bueno, de hecho, al principio fueron fundamentales sus consejos y siempre espero mucha devolución de ellos. Pero en este caso les conté, porque yo estaba en llamas y ahí estuvimos intercambiando opiniones después de mis apariciones».
¿En el streaming siente que puede mostrar más su sentido del humor?
«La verdad es que yo soy bastante poco solemne. No me ha llegado ningún reto todavía, pero claro, hay que entender los momentos que no son para la risa. Pero yo juego mucho igual con eso que me sale de manera genuina, como tirar tallas, hacer bromas, hacer chistes, como en el noticiero del canal en que estoy».
¿Cómo está manejando tener sus cuatro trabajos? Ya lleva un tiempo así.
«Yo funciono muy bien bajo exigencia; no sé si es lo más recomendable, pero a mí me sirve. Y nada, hay que estar muy conectada, con mucho rigor, muy ordenada, porque si no, obviamente se descompagina todo. Entonces, la organización para mí es clave y no hipotecar las cosas que hago dentro de mi rutina cuando aparecen estas invitaciones (como las de streaming) que no están dentro de mi plan diario. Por ejemplo, tengo que hacer deporte sí o sí porque me operé la columna y me hace muy bien. Entonces eso lo tengo como una hora protegida y de ahí arranco y le meto con todo».
¿Quiere seguir en Buenos Aires? Se dice que allá el panorama es complejo.
«Y sí, me quedo acá, ya estoy como residente en la Argentina. Esta es mi casa. Pero las cosas están muy complicadas acá, la gente lo está pasando mal. Por ejemplo, todos los miércoles se movilizan distintos sectores del país».


