Sammis Reyes cuenta cómo la paternidad y Emilia Dides le cambiaron la vida
Oriundo de Talcahuano, su sueño era jugar en la NBA. Al final llegó al fútbol americano a los 23 años y después de ver tutoriales en YouTube.
Con 15 años y sin hablar una gota de inglés, Sammis Reyes se fue en busca del sueño americano. «Mi mamá y mi papá jugaban básquetbol. Así que, literalmente, desde que tengo memoria me pusieron una pelota en las manos. El anhelo de mis viejos era que pudiera llegar a la NBA y por eso me fui a Estados Unidos con una beca a intentarlo», cuenta con la voz emocionada, recordando aquellos días en que llegó al estado de Florida con lo puesto.
«Fue duro, chocante y ahí me curtí en el instinto de supervivencia», agrega el ex seleccionado nacional de la Roja cestera que a los 13 años ya medía un metro 90. A muy poco andar, en Norteamérica descubrió que la historia no era como en las películas y tuvo que trabajar demoliendo negocios, sacando escombros y hasta haciendo delivery.
¿Por qué no pudo ser basquetbolista?
«Literalmente, lo di todo. Me estrujé entrenando en el básquetbol hasta que a los 23 años me di cuenta de que no iba a llegar. Hice todo lo posible, pero hubo muchas cosas que influyeron, incluso la comida. Muchas veces tenía 3 dólares y comía puro Mc Donalds o iba a una tienda de donas a la hora que la cerraban y las botaban, entonces me las traía todas. Por eso hoy no puedo ver las donas».
¿Cómo derivó al fútbol americano?
«Siempre me dijeron que tenía el físico, pero nunca lo tomé en serio. Hasta que cuando llegó la pandemia, me encerré en la pieza y me puse a ver tutoriales en YouTube de fútbol americano. Empecé a subir mis videos, a Instagram, toda la gente se burlaba de mí, me decían qué estaba haciendo el ridículo. Hasta que tuve la oportunidad de probarme y logré quedar entre miles de aspirantes. Nadie entiende cómo lo hice a los 23 años y sin haber jugado nunca a este deporte».
¿Cómo está viviendo el desafío de la paternidad?
«Uff, imagínate. Yo que me aproblemé por muchas cosas en la vida, con la noticia de ser papá se simplificó todo. Hoy lo más importante es mi mujer, Emilia Dides, y mi hijo o mi hija que viene en camino».
¿Quiere que el bebé nazca en Chile o Estados Unidos?
«A mí me encantaría que mi heredero o heredera creciera en Chile y no tener que salir, porque el país es muy violento o es muy difícil ganarse la vida. Me gustaría pelear por un país donde esté orgulloso de que mis hijos crezcan».
¿Y cree que en el país hoy está costando lograr eso?
«Está todo más violento. Tenemos un serio problema de cyberhate, de odio en redes sociales, de bullying. Tal vez yo puedo soportar porque tengo harta espalda, pero hay otros que no y se han terminado hasta matando».
¿Cómo piensa combatirlo?
«En eso estoy. Pude haber tomado mi dinero e invertirlo en Estados Unidos, pero quiero cambiar las cosas en Chile. Quiero que la gente lo intente, ya sea en el deporte, el arte o cantando. Con la Emilia queremos dejar un legado para que las personas se atrevan a ser lo que quieran. Por eso instalamos los centros Infinity, no en el barrio alto, sino en Maipú, Talca, La Florida y Antofagasta. Voy a apoyar a todos los que quieran lograr sus sueños».


