Más que un humorista, un ícono

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La decisión de Coco deja sentimientos encontrados: tranquilidad por su salud y nostalgia por el vacío que deja

«No me moleste, mosquito» era la divertida frase de la canción que interpretaba Coco Legrand la primera vez que supe de él, en los albores de los 70. La pieza original la había lanzado el legendario grupo The Doors.

Nunca me dio oportunidad para notar algún bache en su trayectoria. Hasta orgullo me hizo sentir cuando lo vi triunfar al otro lado de la cordillera, nada menos que actuando en películas con Porcel, Olmedo, Susana Giménez y Moria Casán («A los cirujanos se les va la mano», «Las mujeres son cosa de guapos» y «Abierto día y noche»). Mucho antes que el «Matador» Salas o Benjamín Vicuña dejó en alto el nombre de Chile allende los Andes.

Hacía las delicias de todos cuando se presentaba en los estelares de Santis y Bertrán con personajes como el Lolo Palanca y el Cuesco Cabrera. En 1980 marcó un hito al interrumpirse su rutina en el Festival de Viña para que actuara Neil Sedaka. Fue la misma versión en la que ganó España con la pegajosa «Dudando, dudando» y en la que el «escándalo» lo marcó Umberto Tozzi al cantar con playback. Juró no volver a pisar ese escenario, pero el 2000 regresó en gloria y majestad, con aquel monólogo del novio cuya única gracia era fumar y tantas otras líneas que se siguen reproduciendo y ganando adeptos en las redes sociales de hoy.
Lo que cabe preguntarse ahora es si alguien ha superado a este maestro de la reflexión sociológica con remate hilarante. La respuesta no cuesta mucho: nadie.

Stefan Kramer no tiene competidores, pero en otra cuerda, la de las caracterizaciones de famosos. Paty Cofré también hizo lo suyo sin que nadie le hiciera sombra, pero, de nuevo, es otra categoría: la de lo que en términos técnicos se ha dado en llamar el «ventilador de chuchadas», espectáculo que, curiosamente, sólo disfrutaban los que estaban en el estudio de TV respectivo. Desde las casas, los televidentes tratábamos de leer sus labios para descifrar su coprolálico y muteado rosario.

Y así, hasta Charly Badulaque es rey en su comarca estilística. Para qué hablar del «Jappening con ja» en el frente de los colectivos que han destacado en el área de la jocosidad.

Hay grandes de nuestro humor que se le han acercado a Coco, como «Palta» Meléndez y Paulo Iglesias (ambos sobre todo en lo formal), como Arturo Ruiz Tagle y «Bombo» Fica. Y están los reyes del chiste, dependiendo de si le gustan cortos (Alvarito Salas) o largos (Iván Arenas). Y el pujante ejército de standuperos y standuperas que hoy se ganan la vida a punta de «legrandeces» en los recintos dedicados a la comedia. Pero Legrand, el grande, hay y habrá uno solo.

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