Habla conserje que rescató a una mujer y su hija de 12 años de un violento portonazo
La conductora forcejeó para que no se fueran con laniña, pero no pudo abrir la puerta traserapara sacarla. Diego Velásquez intervino ylogró el rescate.
Nueve de la noche con 14 minutos y 25 segundos. Daisy Garrido llega en su auto -un BMV X4, año 2024- al frontis de su edificio, en Avenida Perú, en Recoleta. Va con su hija de 12 años en el asiento trasero. Pero mientras esperan que el portón automático se abra para entrar al estacionamiento, un auto blanco se estaciona un poco más adelante en la calle y de él se bajan dos jóvenes que corren directo a su puerta y tratan de bajarla, sin éxito. Ella les suplica que le dejen sacar a su hija. Uno de los sujetos intenta abrir la puerta trasera, pero no puede.
La cámara de seguridad del edificio registró que a las 21:14:57 uno de los delincuentes logró sacar a la mujer del auto, mientras el otro ocupaba su lugar en el asiento del conductor. En las imágenes se ve cómo Daisy forcejeó para no salir de ahí.
«Me agarraron a garabatos, me gritaban que me bajara. Andaban con un cuchillo. Yo les dije que sí, pero que me dejaran sacar a mi hija, pero ellos no me dejaban. Cuando me bajaron quise abrir la puerta de atrás para sacarla, pero no pude, estaba bloqueada, no se podía abrir», relata.
Al escuchar los gritos de su hija, Daisy se abalanzó hacia el conductor para evitar que el auto se moviera. «Fue desesperación. Yo no quería que se fuera, que se llevaran a mi hija, entonces estaba entre que no se fuera y tratando de abrir la puerta y en ese momento apareció el chamo (conserje) y abrió la puerta de atrás y sacó a mi hija. No sé cómo lo hizo. Si yo pasé a llevar algo, si el otro delincuente abrió la otra puerta del copiloto, no sé. Yo solo peleé por mi hija», dice la mujer de 38 años.
El conserje
Diego Velásquez, venezolano de 37 años, tampoco sabe bien cómo fue que lo logró abrir la puerta trasera para rescatar a la niña. Cuenta que mientras estaba en su turno en la conserjería, un vecino que iba saliendo a pasear a su perro se devolvió y le avisó que afuera estaban haciendo un portonazo.
A las 21:15:03 Velásquez salió de la conserjería y entró en acción. Así lo recuerda:
«Tomé las herramientas pertinentes como el control, las llaves, todo para poder salir del edificio. Cuando vi que era un portonazo activé el botón de pánico y evalué la situación. Cuando observé que la niña se encontraba en la camioneta, salí del edificio. Hice contacto visual con ella niña y me abalancé contra la camioneta. La madre estaba luchando en ese momento con dos delincuentes. Ellos la empujaban, la batuqueaban contra la reja, no la dejaban hacer algún tipo de acción y en ese momento se lanzó encima para que no pudieran manejar. Pude ver cuando uno de los delincuentes le lanzó puñaladas a la señora y ella trató de esquivarlas. Ese fue el momento que me dio a mi para acercarme. Yo sí pude abrir la puerta trasera. No sé con qué fuerza, no sé con qué velocidad, fue cuestión de microsegundos. Saqué a la niña y justo apareció otra señora a ayudar que venía pasando por la vereda del frente. En eso, el otro auto nos embistió retrocediendo, pero nos pusimos detrás de un poste de luz para resguardarnos. A los segundos, los tipos arrancaron».
Diego tomó a las señoras y a la niña y las condujo al interior del edificio «A la residente le pedí que por favor se quitara la chaqueta porque le habían lanzado unas puñaladas y por la adrenalina podía ser que no se hubiera dado cuenta si estaba herida o sangrando. Por suerte fueron heridas leves».
Daisy relata: «Tuve la suerte de que no tuvieran pistola, porque así como me dieron con el cuchillo me hubiesen pegado un balazo. Sentía que algo me pinchaba, pero no sentía el dolor. Después me vi las heridas en el brazo y las piernas. Ellos se querían ir rápido con la niña y después quizás la tiraban en cualquier lado. No poder abrir la puerta fue terrible, desesperante. Fui una mamá leona, me tiré encima».
La mujer y el conserje coinciden en que los delincuentes no tenían más de 20 años. «Estaban vestidos como muchachitos».
Relata todo con mucha calma. ¿No tuvo miedo, Diego?
«Fui funcionario del CICPC (Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas) en Venezuela, que es como la PDI en Chile. Tengo programas en trabajos a nivel de estrés. Llevo cuatro años como conserje en este edificio. De verdad que los residentes del edificio para mí son como una familia».
¿No ha pensado en postular a la policía?
«Por supuesto que sí, pero por las pocas vías que he podido buscar me dicen que tengo que ser chileno de nacimiento. También me quise postular para seguridad ciudadana en su momento».


