Estricto código de conducta entre sus miembros una vez presos
Investigadores de El tren de Aragua y el crimen organizado en América Latina entrevistaron a 36 presos venezolanos de la organización criminal y a autoridades de gendarmería. Tras tres años, publicaron libro sobre la rutina.
El choque cultural que se produjo cuando delincuentes venezolanos del Tren de Aragua fueron metidos en las cárceles peruanas ha sido descomunal. Y está en pleno desarrollo. Así queda patente en el libro ‘El tren de Aragua y el crimen organizado en América Latina', una investigación de José Luis Pérez Guadalupe, Lucía Nuñovero y Guillermo Coronado. Fueron tres años de trabajo y 36 detalladas entrevistas a líderes del Tren de Aragua encarcelados y autoridades penitenciarias peruanas, todo al alero de la peruana Universidad del Pacífico.
Pérez Guadalupe fue ministro del Interior del Perú (febrero de 2015 a julio de 2016) durante el gobierno del entonces presidente Ollanta Humala. Antes de asumir el cargo, fue presidente del Instituto Nacional Penitenciario y hoy es un misionero de la pastoral, razón por la cual lleva años relacionado con el universo tras las rejas.
Cárcel de Lurigancho
Algunos de sus hallazgos los compartió con el diario español ‘El País'.
La cárcel más famosa de Perú se llama Lurigancho. Fue construida para 2.500 reos, pero ya supera los 10.000. Sin embargo, lo que más molesta a los miembros del Tren de Aragua no es el hacinamiento. Lo que los enerva es convivir en una celda con homosexuales. ‘¿Cómo puede haber parejas de hombres, de la manito? Eso no se puede permitir': esas son parte de las declaraciones obtenidas durante la investigación de Pérez Guadalupe, hecha con la Biblia en una mano.
No son pocos los venezolanos prisioneros. Según cifras oficiales, citadas por el diario peruano ‘El Comercio', el año 2016 había 32 presos venezolanos en el Perú. Este año son 4.106.
En el diario ‘El Popular' se dieron otros detalles. En la prisión impera entre los del Tren de Aragua un código que se llama ‘la rutina'. Además de la homofobia y la transfobia, está prohibido afeitarse las piernas o darse la mano después de ir al baño. Tampoco está autorizado hablar en doble sentido ni menos con voz afeminada. No hay que hacer muchas preguntas. Y advierte el susodicho diario citando el libro que si por alguna razón a un asociado al Tren le cae orina de otro interno que se quiso hacer el vivo o el molestoso, el primero debe matar al segundo en el acto.
Quizá entre lo más vergonzante esté el hacer aseo, informó ‘El País'. Agarrar la escoba está terminantemente prohibido. Tampoco se deben limpiar los baños. De hacerlo, uno se convierte en ‘bruja' y desciende en la pirámide social hasta lo más bajo dentro del hampa encarcelada. El drama es que a los reos peruanos no les hace gracia servir como limpiadores.
Dice Pérez Guadalupe que entre los reos peruanos las autoridades penitenciarias son muy respetadas. ‘El director de un penal, como yo siempre digo, puede entrar a cualquier hora del día o de la noche, a cualquier pabellón de un penal', contó al diario peruano ‘La República'.
‘Sales vivo'
Hay además otra contrariedad. A diferencia de Colombia, Ecuador o Brasil, en las cárceles de Chile y Perú no existen bandas criminales organizadas.
‘Un preso me dijo: ‘yo sé que aquí voy a amanecer vivo. Aquí entras vivo y sales vivo'. Eso era una novedad para ellos', dijo Pérez Guadalupe a ‘El País'. Por eso los venezolanos dicen que en Perú ‘no hay cárceles, sino que jardines de infantes'.
Es allí donde ingresa el Tren de Aragua a copar los espacios en la cárcel y también en la sociedad. Por ejemplo, el diario ‘El Popular' indicó que en general ya no hay proxenetas peruanos, porque los mató el Tren y ahora ellos manejan el negocio con mayor organización.
Como dato del impacto del Tren en el Perú, el número oficial de denuncias por extorsión pasó de 3.220 en 2018 a 21.831 en 2024. En la calle, esa extorsión del Tren se llama ‘la vacuna', reveló ‘La República'. En la penitenciaría, le llaman ‘la causa'.


