Montañista cuenta cómo limpian cientos de rocas rayadas en la cima del cerro La Campana

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Marcos Liberona, líder del proyecto, dice que hay escritos hechos desde la década del 30

Las pinturas más antiguas son las más rebeldes de sacar, cuesta un mundo, describe.

Marcos Liberona cree que han logrado limpiar cerca del 20% de la superficie afectada, así que aún les queda harto trabajo por hacer. Él es montañista, presidente de Andestrek, fundación que se puso como desafío limpiar la cima del cerro La Campana, ubicado en la Región de Valparaíso.
«Es horrible», dice, al describir lo que las personas ven al llegar a lo más alto del cerro. Son tantas las rocas rayadas, agrega, que al llegar a esa zona cuesta no prestarles atención. «Uno sólo ve los rayados y cuesta concentrarse en lo hermoso del paisaje. Es muy lindo, pero lamentablemente la gente lo rayó entero». Él calcula que son cerca de 4.500 metros cuadrados los afectados.
Los mensajes más antiguos datan de la década del 30. «Hay un rayado de 1937. La mayoría son de antes del año 2000-2010. Después la gente empezó a tomar conciencia. Antes la gente subía con pintura. Ahora es todo más controlado», describe. Aunque alguien dejó un recuerdo anterior, es de 1853, pero ese está tallado con martillo y cincel.
En auto y a pie
El proyecto lo llevan a cabo con la Conaf y la Escuela de Ingeniería en Medioambiente de la Universidad de Valparaíso. Este año hicieron ascensos para limpiar en septiembre y octubre, y piensan hacerlo en noviembre y diciembre. Suben en grupos de 12 voluntarios más dos guías. Todos deben tener experiencia de montaña.
«Hacemos el ascenso un día en la mañana. Nos permiten llegar hasta el sector de La Mina en vehículo y luego la subida caminando son como dos horas y media. Trabajamos algunas horas y luego descansamos. Por el peso, no llevamos carpas, así que dormimos a la intemperie. Al día siguiente nos levantamos y limpiamos por algunas horas más. Hay que llevar buena protección porque el sol pega fuerte arriba», explica el montañista.
Uno de los desafíos que han tenido, dice Liberona, es con el agua. «La necesitamos para hidratarnos, pero también para limpiar. Cada uno debería llevar como 6 litros, pero como también tenemos que llevar nuestros equipos y los artículos de limpieza, es demasiado».
¿Y cómo lo hacen?
 
«Llevamos 3 litros cada uno y en la base del cerro le pedimos a la gente que llega hasta ahí para subir por el día, si nos pueden llevar agua hasta la cumbre. Así también otras personas se han involucrado con el proyecto».
 
¿Cómo están limpiando las rocas?
«La gente de la universidad analizó distintas alternativas de remoción y la menos invasiva es un producto que encontramos, un gel biodegradable que se aplica en la roca con una brocha. Se pone directamente en la zona afectada. Se deja una media hora y, paralelamente, en la base de la roca ponemos un plástico extendido y, sobre eso, ponemos papel que absorba. Eso lo afirmamos con piedritas para que no se lo lleve el viento. Una vez que se aplica el gel, se pasa un cepillo, que es bien duro, como de fierro. Hay que restregar con fuerza, es cansador, y ahí se empieza a formar una pastita. Dejamos caer un poco de agua y eso arrastra esta pasta, que cae al plástico. Después sacamos todo, lo ponemos en bolsas de basura y lo bajamos».
¿Cuesta mucho que salgan los rayados?
«Es relativo. Algunas pinturas son más oleaginosas y unas tienen más presencia de plomo. Las más antiguas son las más rebeldes de sacar. Cuesta un mundo. Las que son más al agua, son más fáciles de sacar. Al voluntario le decimos hazte cargo de una piedra y a morir con ella. Cuando bajes tiene que estar limpia y, si puedes, le das con otra roca. También les digo que no levanten la vista, porque si ven todo el mar de rayados que queda por remover, se van a frustrar. Es vergonzoso».
¿Y cómo es la vista desde arriba?
«Al llegar a la cumbre y uno ve este cementerio de piedras, no se puede creer, uno queda sorprendido con tanto nombre, tanta raya, tanto escrito. Cuando eso te satura, después de como 15-20 minutos, uno levanta la cabeza y empieza a mirar el paisaje y puede empezar a disfrutar. Desde ahí se ve la cordillera de los Andes, el monte Aconcagua, los valles transversales y también se ve para la costa, la bahía de Valparaíso, los edificios grandes de las dunas de Concón».

El instagram de la iniciativa es @lacampanasinrayados. Ahí se les puede contactar para sumarse al proyecto o para donar dinero.

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