La actriz lleva un mes en Chengdú, una ciudad líder en tecnología con 21 millones de habitantes
Desde su llegada hace un mes, la productora y coach ha descubierto una urbe moderna, segura y limpia, donde la tecnología simplifica cada aspecto del día a día.
Alejandra Herrera lleva un mes en la ciudad de Chengdú y siente que ha pasado casi un año. Para la actriz, estos días han sido movidos, marcados por la adaptación al nuevo entorno y la oportunidad de viajar a distintos destinos dentro de China, el país al que se mudó por una oferta laboral para su marido.
«Ha sido un tiempo muy emocionante y desafiante. Después de dos meses sin vernos con Mati (Matías Stevens, profesor de teatro), nos fuimos de vacaciones a Sanya, un paraíso tropical exuberante en el sur de China», cuenta.
Junto a su pareja, Herrera ha visitado templos budistas y taoístas, además de una reserva de pandas en Chengdú. La provincia de Sichuan alberga el principal centro de investigación y conservación de estos animales en el país.
«Estamos en una ciudad que mezcla con armonía la innovación digital y la cultura milenaria», destaca.
Durante los fines de semana, Herrera y Stevens han explorado ciudades importantes. Gracias a los trenes ultrarrápidos, viajaron a Leshan, a 138 kilómetros de Chengdú. El trayecto en tren bala demora 45 minutos. Allí contemplaron el Buda gigante de piedra.
También fueron a Chongqing, a 308 kilómetros de distancia, y llegaron en una hora gracias a ese tren. En esa ciudad apreciaron un espectáculo de drones y la obra «1949», presentada en un escenario giratorio de 360 grados.
«El público accede a distintos escenarios en el espacio. Es una experiencia de teatro inmersivo, con escenografía de 15 metros de altura, efectos especiales y sonido tridimensional», describe.
¿Cómo lo ha hecho con el idioma?
«La verdad es que la tecnología ayuda mucho. Uso un traductor de varios idiomas (Xiao AI). No muchos chinos hablan inglés y con el traductor puedes preguntar lo que necesites. También uso Google Translate. La aplicación WeChat, que es el WhatsApp en China, traduce instantáneamente las conversaciones».
En el metro y en la ciudad, hay indicaciones en inglés, igual que las cartas de los restaurantes.
«La gente ha sido muy amable. Hay personas mayores que no entienden mucho el chino mandarín que traduce la aplicación y puede ser porque hay distintos dialectos. Pero en general la mayoría intenta ayudar».
Las aplicaciones han sido clave para facilitarle la vida. Su inglés es básico y actualmente toma clases con una profesora colombiana.
¿Cómo es la calidad de vida?
«Llevo muy poco tiempo en China para dar una respuesta fidedigna, pero veo que es bastante cómoda. Hay gran seguridad. Un día perdí un cargador externo de buena calidad y que no es barato. Lo dejé en un restaurante y me acordé cuando llegué al departamento. Al día siguiente fui y estaba guardadito. El nivel tecnológico y de transporte es muy moderno. Me muevo en metro y Didi, la medicina privada es de alto nivel y sus calles, en general, son limpias. Hay mucha iluminación en las noches, sobre todo en puentes y edificios. Su cultura es una herencia milenaria de sabiduría, disciplina y respeto que se manifiesta en arte por todos lados».
Chengdú es un polo de innovación y la tecnología ha penetrado en todos los ámbitos.
«Todo se paga con el celular. No uso la billetera: todo es con el celular. Lo bueno es que uno lo puede llevar en la mano sin peligro de robo», dice. «Hoy en día, prácticamente todo el mundo utiliza aplicaciones móviles para recibir pagos, incluso quienes piden dinero en la calle han adaptado sus métodos y cuentan con apps para recibir donaciones directamente desde el teléfono de cualquier persona».
La pareja reside en una de las ciudades más grandes de China, con 21 millones de habitantes. El nivel de desarrollo de la ingeniería es sorprendente a ojos de la chilena. Cada ciudad resuelve sus retos geográficos con creatividad y gran escala y cita el caso de Chongqing, donde el metro atraviesa un edificio, y el gran centro comercial de Chengdú, el New Century Global Center, que alberga un parque acuático y hasta un hotel en su interior.
También destaca que el costo de vida es mucho más conveniente respecto a Chile.
«El otro día fui por el día a un spa muy bello. Por un día entero cobraban US$35, incluía desayunos, frutas y jugos. Se puede encontrar ropa de calidad a muy buen precio. Lo mismo que la comida».
¿Cómo es el barrio donde vive?
«Nos establecimos en un sector que queda más o menos lejos de la ciudad, llamado Bio Town. Es un barrio bien moderno. Vivimos en un departamento y por lo que veo, los precios son un poco más bajos que en Chile. Y, bueno, hay lugares también muy caros, como en todos lados».
¿Cómo son los chinos?
«Son muy amables, son bulliciosos, sí. Hay de todo como en todas partes, pero en general hay gente amable, se la ve contenta, disfrutando de todo lo hermoso que tienen en su país. Y también de la seguridad que hay en la ciudad».
¿Y a qué está dedicada?
«Estoy estudiando inglés, conociendo la cultura china y la ciudad. También trabajo online en mis sesiones de coaching y realizo algunas grabaciones publicitarias».


