En Las Condes reabre el clásico restaurante Valle de Oro

Fecha:

Funcionó entre 1957 y 2011 en Portugal con Alameda

Las letras del cartel del local estuvieron perdidas por 14 años y las hallaron en una bodega.

Apenas se supo a través de Instagram y TikTok que iba a reabrir el clásico restaurante Valle de Oro, ícono de la esquina de Portugal con la Alameda, las redes sociales se llenaron de historias y comentarios acerca del local que abrió sus puertas entre 1957 y 2011.
Este restaurante está siguiendo la huella de otros clásicos, como El Hoyo, que se fue al Barrio Italia; la Otra Fuente, que abrió un local en el MUT y el Bar Nacional, que se fue a Las Condes.
Ahora se trata de la reapertura de este local que comenzó como cafetería abierta por Gerardo Inserrato, un migrante de Tolve, un pueblito del sur de Italia, llegado al país a comienzos de los 50, y que poco a poco fue abarcando sándwiches, pasteles, pizzas y parrilladas.
Luego vino un penoso luto, tras la muerte de su socio, administrador y cuñado Francisco Landauro, que significó el cierre del local por 14 años. Pero una conversación casual de Michele Inserrato (63) con sus hermanos derivó en la conclusión de que había que reabrir las puertas, esta vez en Augusto Leguía Sur, en Las Condes.
«Creemos que la marca aún sigue vigente, se dieron la condiciones y comenzamos a formar un equipo joven», dice Michele.
Cree que se trata de «volver a las raíces» y unir la «tradición que teníamos en el centro de Santiago con un espíritu más joven».
Por ejemplo, la carta va a mantener los clásicos sándwiches de churrasco y ahora se agrega un menú «más elaborado» para las numerosas personas que trabajan en ese sector de Las Condes.
Michele quiere que de nuevo «se forme esa complicidad» de antes, en que los garzones hasta se conocían los nombres de todos los clientes que llegaban. «Que sepan cuando entra un cliente que va a pedir lo de siempre. Buscamos reflotar ese tipo de vivencias que tenía la gente que iba al tradicional Valle de Oro», explica.
El empresario dice que, por ejemplo, van a decorar el nuevo local cerca del barrio El Golf con muchas de los elementos del antiguo. Son parte de los recuerdos que dejó su padre, junto con su hermano Nicolino, en el local frente a la Universidad Católica.
Una pista la dan las clásicas letras rojas del letrero de neón de Alameda que estaban casi perdidas y fueron halladas en una bodega, llenas de polvo, pero intactas.
«Sabíamos más o menos dónde se encontraban, pero no sabíamos en qué estado se encontraban. Efectivamente estaban las letras, después de tanto tiempo», explica.
Fernanda Allendes, encargada de redes sociales del proyecto, dice que tuvieron que limpiarlas cuidadosamente en una tina y quedaron como nuevas. Cree que, a diferencia de esa época, ahora usarán luces led para darle vida nuevamente y que lo conozcan las nuevas generaciones.

También se hallaron cuadernos manuscritos y otros documentos de la época.

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