Viajes muy largos y déficit formativo también atentan contra el éxito
El jugador en Chile compite muy poco durante su etapa formativa, juega muy pocos partidos en número y calidad, explicó el PF Marcelo Oyarzún.
El reclamo del hincha siempre surge de la supuesta imposibilidad de que los jugadores chilenos disputen dos partidos por semana. Pero hay matices. Los equipos más poderosos de América reducen mucho sus traslados a través de vuelos privados, mientras en Europa, dijo Manuel Pellegrini una vez, «el viaje más largo son cinco horas a Kiev».
Marcelo Oyarzún, PF que estuvo en el recién descendido Deportes Iquique, explica que «el equipo tiene que viajar cuatro horas a Santiago para recién tomar un vuelo a Lima. Ni hablar a Venezuela, que lo sé por mi hijo (Diego) en Everton, se tardan veinte horas de ida y de vuelta. No estamos en condiciones de hacerlo con el mismo equipo y hay que rotar jugadores».
Javier Torrente coincide. «Me tocó trabajar en Europa en tres ocasiones, el Olympique de Marsella y Espanyol de Barcelona como ayudante de Marcelo Bielsa, y en el Beerschot de Bélgica como entrenador principal. Los viajes son cortos, máximo cinco horas. A diferencia de Sudamérica, donde son mucho más largos y sobre todo tediosos», sentencia.
Otro aspecto en el que coincide el medio es un déficit en la formación. «El jugador en Chile compite muy poco durante su etapa formativa, juega muy pocos partidos en número y calidad, y eso dificulta cuando un equipo clasifica a copas internacionales, por ejemplo Iquique que jugó casi 30 partidos en seis meses», agrega Oyarzún.
Torrente considera que la solución es ampliar la base de la alta competencia: «Falta un torneo de reservas serio a nivel nacional, para quienes están entre la categoría Sub-20 y Primera División, para que los más jóvenes se vayan fogueando con adultos que no pudieron estar el fin de semana, o con un lesionado que deba retomar el ritmo», sintetiza.
Finalmente, Damián Muñoz cree que «no se le dan las herramientas necesarias al fútbol formativo. Estuve muchos años y los profesores tienen que trabajar en el club, luego hacer talleres o cualquier otra cosa, y eso hace que pierdas el foco. Que a los profesionales les paguen lo que deben pagarles, para que den su mejor trabajo. Tiene que haber un cambio radical».


