Empresario Carlos Zarhi y su vida en Jurerê, el Miami de Brasil: «Acá te sientes muy seguro»

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El ícono del pádel chileno se mudó con su familia al mejor barrio de Florianópolis

Reorganizó su rutina completa: adoptó horarios más tempranos, redujo los traslados, fortaleció la vida familiar y encontró en la naturaleza un ritmo que no tenía en Santiago.

Cuenta Carlos Zarhi que la conexión que sintió con Florianópolis fue fulminante. Hace dos años, iba de vacaciones con amigos a esta isla, ubicada en el estado Santa Catarina en el sur de Brasil, cuando desde la ventana del avión sintió una conexión con el lugar. Decidió que quería vivir ahí.

«Algo me pasó. Yo creo que estaba buscando algún cambio en ese minuto y algo más inconsciente se empezó a manifestar», relata. «Ese mismo día, en la noche, le estaba diciendo a mi señora: Tienes que conocer este lugar, por favor, traigamos a los niños, me encantó».

Zarhi, un ícono del pádel en el país, con una carrera previa como tenista, socio fundador de Youtopia Raquet (rama del cotizado gimnasio Youtopia) y dueño de otros cuatro negocios que funcionan en Santiago, concretó ese anhelo el año pasado.

En su primer viaje, recorrió distintos sectores de la isla para descifrar por qué esa sensación desde la ventana del avión había sido tan fuerte.  Jurerê fue uno de los primeros lugares que visitó y, según él, donde esa intuición tomó forma. Este sector con un sello urbanístico único, amplias veredas, casas sin protecciones metálicas y acceso a una gran playa de aguas tibias, se convirtió en un punto fijo del mapa, el lugar al que volvería una y otra vez hasta mudarse.

Es un barrio planificado, explica, donde las reglas son claras: no se permiten rejas, las casas deben tener antejardín y las alturas están restringidas. Según cuenta, esa homogeneidad genera una sensación de orden distinta de otras zonas de Brasil.

«Ver estas casas sin reja era como estar en Miami, pero en Brasil», dice.

La seguridad fue otro punto decisivo para el cambio de vida. El empresario asegura que su experiencia diaria contrasta con la percepción que muchos chilenos tienen sobre Brasil.

«La gente anda con el celular en la mano, no estás mirando si alguien viene detrás», describe.

Atribuye esa tranquilidad a varios factores: la presencia de un puesto de la Policía Militar a pocas cuadras, el hecho de que sea una isla con una sola entrada y salida y el cuidado que existe por tratarse de un sector turístico. «Los niveles de delincuencia acá son muchísimo más bajos que en el resto de Brasil», señala.

La conectividad aérea terminó de cerrar el cuadro. Zarhi destaca que viajar desde Santiago a Florianópolis es rápido y relativamente accesible.

«Hay tres aerolíneas con cinco vuelos directos a Santiago al día», señala.

Los pasajes pueden costar menos de $200.000 y el trayecto es de tres horas.

Arrendó un departamento en el primer piso de un edificio y se fue con toda la familia: su esposa y sus tres hijos. Allá terminó de gestar su empresa Eleven, que hace retiros con coaching en los alrededores de Floripa, como llaman a la isla, y que planifica replicar en Rapa Nui.

Se habla mucho de que Jurerê es el Miami de Brasil.

«Yo me acordaba que cuando era chico y viajaba a Miami la gran mayoría de las casas no tenían rejas. Y a nivel de infraestructura, hay unas casas muy lindas, grandes, unas mansiones preciosas. También hay casas más chicas y más piola y todo bien, hay de todo. Y además de tener una infraestructura y una arquitectura súper ordenada, todo está ordenado, no ves desorden ni suciedad».

¿Cómo le ha cambiado la vida desde que está en Jurerê?

«He podido cambiar harto. Yo ya venía siguiendo un camino de mejora de hábitos desde hace mucho tiempo y acá he podido profundizar en eso. El día empieza muy temprano: a las 5 ya amanece y a las 5:10 está saliendo el sol. Con los pájaros y la naturaleza, quedarse en la cama se hace difícil. El colegio empieza a las 7, los niños tienen que estar listos a esa hora. Todo arranca antes. Los colegios funcionan de 7 a 12:30».

¿Cómo impactó ese cambio en su vida familiar?

«Es lo que más ha cambiado: el tiempo en familia. Ayer llevé a uno de mis hijos a sus clases de vóleibol y le pedí al más chico que me acompañara. Mientras esperábamos a su hermano, fuimos a la playa un rato, compartimos, lo abracé, nos bañamos y después volvimos. Luego los tres caminamos y comimos algo. Son cosas que en Santiago cuesta hacer por los tiempos de traslado. Acá, ese tiempo disponible permite trabajar, meditar, estar más tranquilo, observar la naturaleza, conectar con uno mismo o hacer deporte».

¿Siente que hay más libertad?

«También exige ordenarse y decidir cómo aprovechar el tiempo. Uno viene con el impulso de estar siempre haciendo algo. Cuando hay un momento libre, aparece la sensación de que hay que producir, que hay que avanzar, y cuesta bajarla. Acá he aprendido a no estar en el celular todo el día ni llenando espacios con pantallas. Me ha ayudado a conectarme más con la naturaleza y conmigo mismo. La tecnología sirve, pero muchas veces termina dirigiendo nuestra vida sin que nos demos cuenta».

¿Fue acá que se conectó más con su espiritualidad?

«Soy dueño de cinco empresas, pero busco dedicarles cada vez más tiempo a los retiros, al coaching y al desarrollo personal y a transmitir este conocimiento a las personas, porque a mí me cambió mucho la vida y me permitió vivir un sueño: vivir un poco más tranquilo, tener una cierta libertad con mis horarios y no tener que estar físicamente en un lugar para trabajar. Son muchas cosas que yo en algún momento quise crear y que pensé que era muy difícil hacerlo».

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