El tiempo vale oro y acá no hay esperas por una máquina, asegura Felipe Fierro
Los gimnasios boutique se abren paso en el mercado porque ofrecen diagnóstico, planificación, seguimiento y acompañamiento real, explica Mauricio Noval, director de Inprov.
Portal de la Frontera en Temuco es un barrio en plena expansión. Un taxista comenta que se siente como en un pequeño distrito de Miami. Todo es muy abierto, hay edificios bonitos y modernos, las casas son grandes, hay varios stripcenters y la gente se ve contenta en la calle. Aquí es donde Felipe Fierro, el fisicoculturista más importante del país, construye su apuesta más grande, un gimnasio de 900 metros cuadrados llamado Felipe Fierro Experience. El suyo tiene una zona de Open Gym con 350 metros cuadrados y otra de 450 metros cuadrados dedicada en exclusiva al servicio personalizado.
Mientras Fierro muestra las instalaciones queda algo claro: hay harto de obsesión acá, desde cámaras en 4K hasta baños que incluyen saunas y duchas con la garantía de que la puerta queda bien cerrada. Hay una sala con 14 máquinas dedicadas exclusivamente a los glúteos.
«Es uno de los circuitos más grandes de Sudamérica», sostiene Fierro.
Invirtió en grande porque no cree que el boom vaya a parar. Ya tiene 180 clientes inscritos para los personalizados y 250 en el Open Gym.
«Es una clientela que tengo fidelizada hace más de 15 años. En este momento soy el gimnasio más exclusivo y caro de Temuco. ¿El plan? El más caro es de $450.000, el más barato cuesta $165.000», cuenta. «Creo que tengo a todo el público ABC1 de Temuco. Además, con la ubicación e instalaciones que tengo, esto se va a terminar de llenar».
Para Fierro, que su gimnasio sea personalizado tiene que ver con algo que va más allá de cualquier moda.
«Creo que lo que perdura es lo clásico, las pesas, el trabajo duro, las trotadoras, la gente que va a desconectar la cabeza en una bicicleta o una escaladora», sentencia.
La inversión no debe ser menor. ¿Cómo fue el proceso?
«Cuando la gente ve todo esto cree que uno es millonario y que montó de la noche a la mañana todo este Jumbo de gimnasio que le llamo yo. A veces me asusta y otras veces me mata de locura y de ambición. Me llena de sensaciones fantásticas ver todo lo que he logrado y que proyecté hace 20 años. Empecé haciendo clases en una casa, siempre privilegié una maquinaria buena, la limpieza de los baños, cuidar al cliente, fidelizar».
No fue una cosa a lo loco.
«Este proyecto no es de un día a otro, hay un trabajo atrás muy grande. Obviamente con una inversión y un riesgo gigantesco, pero como siempre en mi vida me he arriesgado a todo. La gente cree en mí. El gimnasio está focalizado 100% en los detalles y en la demanda del cliente».
¿Por qué no ir a un gimnasio de cadena? ¿Por qué ir a un gimnasio personalizado?
«Temuco es una ciudad en la que llueve mucho, se entrena mucho indoor y la gente se da cuenta de que es más efectivo el entrenamiento en un gimnasio boutique porque prioriza la calidad de la máquina y el tiempo. Creo que después de la pandemia mucha gente se dio cuenta de que era más efectivo ir a un lugar no masivo. Es que el tiempo vale oro y acá no hay esperas por una máquina».
¿Cuál cree que es el error de los gimnasios tradicionales?
«Soy usuario de mi gimnasio, por lo tanto, no voy a abaratar costos en una máquina. Estoy pagando US$12.000, por ejemplo, por una prensa Panatta, las mejores máquinas del mundo, italianas. Un empresario no la compraría y se quedaría con una china de US$2.000».
En otros gimnasios personalizados los entrenadores están en el celular, siendo que se paga mucho por la hora. ¿Cómo controla que eso no ocurra?
«Creo que va de la mano el contrato que firme el profesor, las cláusulas y la atención que se establezca que debe tener. En mi caso yo soy obsesivo y tengo el control de eso. Converso con mis profesores y les hago entender de buena manera que a ellos no les gustaría pagar $25.000 o $30.000 la hora y que su profesor esté mirando el celular».
La diferencia
En los gimnasios boutique el cliente agenda su hora y lo espera un entrenador, quien antes diseñó un plan estructurado en función de sus metas, historial de lesiones, experiencia y capacidades actuales.
«Es un sistema distinto de servicio», explica Mauricio Noval, director de Inprov, empresa con sedes en Perú y Santiago, «porque hay diagnóstico, planificación, seguimiento y acompañamiento real».
La diferencia no está solo en la atención, sino en cómo eso impacta en la fidelización, la eficiencia del tiempo y los resultados. Según dice, la mayoría de sus clientes son personas entre 25 y 60 años que ya probaron gimnasios masivos y no lograron mantener el hábito.
«Se dan cuenta de que este sistema es más eficiente, hay menos lesiones, más compromiso y resultados en menos tiempo», afirma.
Aunque el costo puede ser más alto, para muchos termina siendo una inversión más efectiva.


