Guido Larson, cientista político, aborda la crisis que experimenta Irán
Suponer que la sociedad iraní completa está en oposición al régimen es un error, sobretodo, en sectores rurales o en los cuales predomina el voto conservador, comenta.
Para Guido Larson, cientista político, director del Instituto de Humanidades de la Universidad del Desarrollo, es relevante distinguir «matices» al abordar las manifestaciones antigubernamentales en Irán, desatadas a fines de diciembre tras una fuerte depreciación de la moneda local, y también las reacciones de Estados Unidos al respecto.
«Irán es una especie de caja negra; puede estar realizando ejecuciones que no son públicas en sus cárceles. Hay mucha incertidumbre», reflexiona. «No me sorprendería si, entre fines de enero y principios de febrero, se genera algún bombardeo selectivo sobre infraestructura crítica en Irán. Tampoco, si antes se concreta un ataque preventivo por su parte a bases norteamericanas en los Emiratos Árabes, Kuwait o incluso en Siria», dice.
Explica que si este país (mayoritariamente persa) ataca primero, desincentiva una intervención mayor norteamericana. Por tal motivo, es muy complicado mostrarse como un actor pasivo. «Esta fue una de las enseñanzas que nos dejó el bombardeo sobre infraestructura nuclear (por parte de Estados Unidos) a mediados del año pasado, respondiendo Irán con bombardeos sobre Israel, Siria y Catar», aclara Larson.
Acota que otra opción es que el régimen teocrático active células dirigidas por Teherán en Europa o en Estados Unidos, haciendo actos de sabotaje o atentados.
¿Cómo se explicaría una eventual intervención bélica de EE.UU.?
«Lo que está ocurriendo tiene más matices de lo que usualmente se informa. Si uno revisa prensa del Medio Oriente, que nunca se cita, en general, se observa una situación más equilibrada de lo que se percibe. Por ejemplo, pudieron haber muerto 500 policías en los últimos diez días y hubo contraprotestas a favor del gobierno, siempre en el esquema de que es imposible saber si están o no siendo movilizadas por este último. Sin embargo, suponer que la sociedad iraní completa está en oposición al régimen es un error, sobre todo, en sectores rurales o en los cuales predomina el voto conservador».
¿Es una sociedad más diversa que la que se muestra en Occidente?
«Hubo manifestaciones en algunas ciudades cosmopolitas que no están ocurriendo en zonas del campo, y tampoco en toda la sociedad. Irán tiene 92 millones de habitantes. Para hacer una comparación: cuando cayó el Sha (Mohammad Reza Pahlavi, en enero de 1979) marcharon entre nueve y 11 millones de personas y, en estas manifestaciones, con suerte, se puede hablar de decenas de miles. La proporción no parece estar asociada a lo que en la mente tenemos para el término de un régimen».
¿Qué sucede si hay una reacción concreta norteamericana?
«Se refrenda lo que han dicho desde la caída del Sha, sin ninguna duda, pero no está del todo claro cuál será el efecto a nivel sociopolítico, ya que si tomamos los bombardeos que Estados Unidos hizo a mediados del año pasado en las instalaciones nucleares de Irán, el discurso del régimen iraní fue que era una demostración de imperialismo, agresión y de pretensiones hegemónicas. No obstante, el efecto a nivel sociopolítico fue moderado, no hubo grandes manifestaciones a favor ni en contra del régimen, ni contra Estados Unidos. La sociedad iraní demostró cierta apatía o anomia, probablemente, porque está más preocupada de otro tipo de cosas, no viéndolo como un hecho que merecía salir a las calles».
¿Se tiende a realizar un análisis con la mirada occidental, sin considerar que estamos hablando de un gobierno teocrático?
«Hay cierta distancia con la cultura y la sociedad iraní, que es ajena a nosotros, pero, paradójicamente, milenaria. En Irán, por poner un ejemplo, se inventó el ajedrez. Por otro lado, hay una cierta tendencia a filtrar previamente bajo el paradigma propagandístico norteamericano. Mucha de la información que recibimos de lo que está ocurriendo en Irán pasa por el filtro hegemónico de Estados Unidos, perdiendo cierta perspectiva. Además, tendemos a una visión más o menos binaria en relación a que el régimen cae o no, tiene o no apoyo. No obstante, la situación es bastante más compleja».
¿Qué otros elementos se deberían integrar?
«Las minorías étnicas. Desde el punto de vista de los kurdos, ellos conciben que Irán funciona a su favor en el esquema geopolítico de que su principal enemigo es Turquía, no Irán. Los kurdos son minorías dentro de todo el Medio Oriente, si se hace una lectura religiosa».
¿Predomina cierta islamofobia en la mirada occidental?
«No estaría tan seguro, responde a que para Occidente el sistema democrático y liberal es el más virtuoso concebido por los seres humanos, con cierto grado de razón. La democracia y la libertad, abstractamente concebidas, parecieran ser que colindan mejor con los impulsos y apetitos de los seres humanos».
En Occidente se divulgaron primero las imágenes de mujeres protestando contra la represión.
«Hay una suerte de foco de parcialidad de información, porque en Occidente somos muy proclives a suponer que si hay una protesta, automáticamente, está situada bajo valores liberales y democráticos. Segundo, es muy ilustrativo volver a observar lo que ocurrió con Jina Mahsa Amini (la joven iraní asesinada por la policía religiosa islámica por no usar la hiyab), que originó protestas gigantes en Irán, pero lo que no se dijo es que en ese país también un segmento de mujeres ultraconservadoras realizó actos de violencia contra aquellas que reflejan una estética más occidentalizada. El asunto es más complejo».
¿La preponderancia proviene de las dos principales ramas del Islam, los chiitas y los sunitas?
«En ese caso, estamos tomando el criterio teológico. Dentro de los sunitas hay corrientes. Irán es chiita y de la subcorriente alauita, que es conservadora; sin embargo, hay varias vertientes, los chiitas que siguen el chiismo duodecimano o doceimanismo, son más liberales que los primeros. La complejidad es mayor porque tenemos ciertas nociones para hacer sentido de la realidad, como esta división entre sunismo y chiismo o teocracia y democracia, pero esos son los polos, la pregunta es lo que ocurre entremedio».
¿Es relevante que el régimen iraní sea chiita?
«Sí, es importante en el contexto de que tiene fundamentos teológicos muy profundos, ellos consideran no solo que son chiitas, sino que son los verdaderos musulmanes y para entenderlo hay que ir a la historia. Cuando murió el profeta Mahoma, en 632 d.C., surgió la pregunta de quién lo reemplazaría en la continuidad de su proyecto teológico.
Mahoma, al final (en la concepción musulmana), es el mensajero de Dios, sus seguidores también lo son y el contenido de la vertiente religiosa es automáticamente verdadero. Desde su perspectiva, los sunitas están siguiendo una religión falsa».


