¿Cuesta adaptarse a 16 horas de diferencia? No es fácil hacer trabajos grupales, admite Ignacio Milla
El plantel registró el año pasado a estudiantes remotos desde 15 países: la flexibilidad horaria lo ha vuelto una opción factible.
Ignacio Milla llegó a Nueva Zelanda en 2023 con una visa Work and Holiday. Tenía 29 años y una idea clara: dejar atrás su vida como kinesiólogo en Chile y buscar un nuevo comienzo. «Trabajé seis o siete años en kinesiología, pero no me sentía satisfecho. Quería reiniciar el panorama, encontrar algo distinto», cuenta.
Desde un inicio tuvo la intención de estudiar, pero se topó con una limitación: la visa de estudiante en Nueva Zelanda restringe tanto las horas laborales como los ingresos, lo que hacía inviable mantenerse. «Ahí fue cuando encontré lo del Duoc, que tenía una modalidad 100% online y calzaba perfecto con lo que necesitaba», recuerda. Se matriculó hace un año y medio en el programa técnico, que cursa de forma remota desde el extranjero.
¿Cómo ha sido estudiar desde allá: otro país, otro idioma?
«No es fácil, la verdad. Primero está el tema de la diferencia horaria, porque muchas veces hay que hacer trabajos grupales: como es online, tienes entregas y pruebas todas las semanas, entonces te tienes que coordinar con gente en horario chileno. Tengo 16 horas de diferencia y eso es complicado, pero te vas acostumbrando. Yo creo que lo más difícil es trabajar full time acá y estudiar en el horario de Chile: soy bartender, a veces hago 50 o 60 horas de trabajo a la semana y además tengo que estudiar. Es bien agotador».
¿Por qué no estudiar directamente en Nueva Zelanda?
«Lo que pasa es que, si quieres estudiar acá siendo extranjero, debes sacar la visa de estudiante. Y esa visa tiene condiciones. Debes dedicarte a estudiar y, si quieres trabajar, sólo puedes hacerlo 20 horas semanales. Pero aquí todo se paga semanal: el arriendo, las cuentas, la comida, todo. Entonces con 20 horas no te da; no puedes cubrir los gastos ni de lejos. Además, estudiar siendo overseas, o sea extranjero, es dos o tres veces más caro que para alguien que es residente o ciudadano. Entonces era demasiado caro. Por eso opté por lo online».
Estudia Informática, ¿le servirá para trabajar allá?
«Es una carrera bien universal. Y yo creo que sí, me puede servir. Si quisiera trabajar como kine, que es mi primera carrera, tendría que homologar el título, inscribirme en el colegio de kinesiólogos de acá, pagar una suma alta, postular a otra visa y esperar como diez meses para que me revisen los papeles. Es mucho trámite y mucha plata. En cambio, con informática no necesitas ese tipo de validación, porque no está tan regulado por temas de salud o normativas locales. Si sabes programar o manejas bien ciertos lenguajes, ya puedes trabajar. Es mucho más accesible».
¿Cómo es estudiar online comparado con su experiencia presencial en Chile?
«Completamente distinto. Acá estás básicamente a la deriva, dependes 100% de ti. En la opción presencial también depende de uno, pero debes ir a clases, presentarte, sentarte en una sala, tienes un calendario semestral. Acá, en el Duoc por lo menos, se trabaja en sistema bimestral, que son nueve semanas: son como medios semestres, cuatro al año. Tienes una clase sincrónica a la semana, pero en general la carrera es 100% asincrónica y tú manejas tus tiempos. Eso es bueno, porque te da libertad, sobre todo si estás trabajando o tienes familia. Pero, al mismo tiempo, es difícil: tienes que exigirte mucho y, si no te organizas, te comió el semestre».
Larga distancia
Cada vez son más los chilenos que deciden cursar una carrera en su país sin estar físicamente en él. Según Rodrigo Álvarez, director de Desarrollo Online de Duoc UC, esta tendencia ha crecido con fuerza en los últimos años por dos razones principales: el aumento de personas que viven o viajan al extranjero por periodos prolongados, y el desarrollo de alternativas de estudio a distancia que antes eran escasas o poco valoradas.
«En 2025 tuvimos estudiantes chilenos cursando carreras 100% online desde 15 países repartidos en los cinco continentes», detalla. Muchos valoran especialmente no tener que seguir horarios fijos, organizar su estudio a su ritmo, rendir exámenes de forma digital y contar con tutores en Chile que los acompañan sin importar su ubicación.
Las razones para estudiar desde el extranjero son variadas: hay quienes viajan por programas como la Working Holiday, otros se instalan fuera por motivos laborales o personales, y algunos simplemente buscan complementar su experiencia con estudios formales.
«Muchos van sin un plan definido o con el deseo de emprender, y en el camino descubren que este formato les permite avanzar en una carrera, compatibilizar su estilo de vida y alcanzar metas que antes veían lejanas», resalta Álvarez. La flexibilidad del modelo online no solo permite continuar formándose desde cualquier lugar del mundo, cierra, sino también proyectar un desarrollo profesional sin renunciar a la movilidad.


