La escena interrumpió la tranquilidad del aeropuerto de Antofagasta
Generosas dosis de alcohol gobernaron sus decisiones en un mal momento.
La apacible tranquilidad de la sala de espera del aeropuerto Andrés Sabella de Antofagasta se vio violentamente interrumpida este miércoles, justo a la hora en que la tarde se convertía en noche. Un pasajero decidió convertir el lugar en el set de una película de bajísimo presupuesto.
El hombre, al que según Carabineros se le había pasado la mano con el alcohol, comenzó a hacer todo tipo de escándalo. Se peleaba con otros pasajeros, insultaba a los que tenían la mala fortuna de pasar a su lado y hasta había decidido probar la resistencia de algunos objetos lanzándolos al suelo.
Intensidad actoral
Hasta ahí la escena era una más de tantas en que el alcohol toma posesión de los modales de pasajeros con mucha sed. Incluso lo que siguió fue algo que parecía normal: personal del aeropuerto llamó a la policía, que llegó lo más rápido que pudo para intentar controlar al sujeto.
Pero de pronto todo cambió.
En un video captado por un sagaz pasajero que estaba a metros del incidente, se aprecia a un uniformado intentando hacer entrar en razón al hombre. Pero éste no es demasiado receptivo.
En el mismo registro se ve cómo en ese momento cambia todo y comienza lo que parece una mala película de acción, una especie de «John Wick» a la chilena. De cartón.
Primero, acaso de manera irónica, el pasajero pone sus manos en su propia espalda, ofreciéndoselas al carabinero para que lo espose.
Algo mosqueado, el policía agarra el brazo del hombre y lo hace a un lado. Entonces, como poseído por una fuerza superior, el hombre se autoempuja escalera abajo, dando vida a una grotesca caída. Como un doble de acción de segunda categoría, poco creíble, sobreactuado. Tanto que a los pocos escalones pierde el impulso inicial y debe continuar su actuación arrastrándose y exagerando cada movimiento. Como si le hubieran faltado algunas clases en la carrera de actuación.
Un análisis crítico
Aguantando el intenso calor capitalino de media tarde, el actor Fernando Godoy, quien se define como un «experto en caídas de escaleras», revisa el video y, luego de varios intentos por controlar la risa, evalúa la performance.
Hay en el pasajero «un exceso de intención, una carencia de verdad», dice desde lo teórico el hombre que dio vida al torpe Nachito de «Casado con hijos».
«Lo que se admira -dice- es la convicción, esa seguridad de que estás haciendo algo correcto. En el fondo tener la seguridad de que lo estás haciendo muy mal, pero con la certeza de que va a resultar. Esa convicción la necesitamos para muchas cosas, ya la quisiera yo también».
Otro referente chileno de la actuación y del humor corporal es Rodrigo Muñoz, quien dice que claramente hay ausencia de técnica. «Lo que uno hace en estos casos es que el cuerpo se va acomodando, no como peso muerto, como que pones el cuerpo blando», detalla.
Constatar nada
Tras su aparatosa caída, el hombre fue detenido por Carabineros y fue trasladado a un centro asistencial para constatar lesiones. Pero no hubo nada que constatar. No había lesiones.
Este último punto es llamativo para los analistas del caso que saben que es común que los dobles de acción o los actores que usan mucho la corporalidad terminen magullados. «Ese es el problema, que puedes pegarte, quedar con algún moretón o un raspón. Es el riesgo de hacerlo para llegar a la verdad», afirma Godoy.
Muñoz finalmente destaca la osadía del hombre en Antofagasta. «La verdad es que hay que tener la sangre fría para pegarse en la cabeza de esa manera».
Y Godoy agrega que si de él dependiera contratar al hombre para una escena de acción, la decisión sería sencilla: «No, no queda en la película, no queda en el casting».


