Mario Ernesto Merino falleció este martes a los 67 años
El último año se fue complicado. Su cuerpo estaba cansado, relata sobre el fotógrafo que padeció cáncer de estómago.
Al teléfono Pancha Merino (52) se escucha tranquila. No habla de la enfermedad que le arrebató a su hermano, el fotógrafo Mario Ernesto, que falleció este martes a los 67 años, sino de la infancia que vivieron juntos: «Fue un ser humano importante en mi vida. Siempre estuvimos juntos», dice la actriz y panelista de «Primer Plano».
Mario padecía un cáncer de estómago que lo tenía muy afectado desde hace un año. La noticia golpeó a la familia. Con Merino eran hermanastros por parte de padre, pero esa etiqueta nunca marcó distancia: «Nos criamos juntos y siempre estuvimos el uno para el otro», agrega.
Conocido como el Guatón Merino, vivió varios años en España y desarrolló allí una carrera como fotógrafo de moda. Su nombre circulaba con fuerza en ese ambiente, al punto de que, según recuerda Pancha, «él era más popular que yo. Donde iba me preguntaban por él o me decían: Tú eres la hermana del Guatón Merino».
Para ella era «un ser muy cariñoso, un excelente fotógrafo, muy querido por sus amigos. Su trabajo lo llevó a viajar y a construir una red amplia de afectos, dentro y fuera de Chile».
El cáncer avanzó durante el último año. Fue un proceso duro, asumido con conciencia de que el diagnóstico era complejo. «El último año se fue complicando. Su cuerpo estaba cansado», relata.
Pancha, cercana al budismo desde hace años, enfrenta la muerte desde una mirada espiritual que no elimina la congoja, pero la ordena. «Tengo pena, pero para mí la muerte es un cambio bonito. Triste, sí, porque uno no los ve nunca más, pero creo que cuando el alma no resiste el cuerpo es mejor irse», reflexiona.
No habla desde la negación del dolor. Habla desde la aceptación. En estos días ha estado acompañada por su entorno más cercano, sosteniendo recuerdos que vuelven con fuerza: la vida compartida, las conversaciones, el orgullo mutuo: «En nuestra historia compartida está lo esencial. El vínculo no se corta, sólo cambia de lugar».


