FOTOS DE REFERENCIA (Cargar Manualmente):
FOTO 1
Ruta: /2015/01/06/Educacion_LUN@1_G0P2JO81U_1_PDF_duracion_0601_img.jpg
FOTO 2
Ruta: /2015/01/06/Educacion_LUN@1_G0P2JO81U_1_100_51_0601.jpg
Autor de la Foto: MARIOLA GUERRERO
Título/Pie de foto: Alejandro Clocchiatti prefiere que los recursos vayan a los más chicos.
Aseguran que al otro lado de la cordillera el universitario tarda casi 9 años en titularse, si es que lo logra
Valoran que el proyecto gubernamental chileno financie sólo la duración formal de la carrera, más un año de gracia.
Banyeliz Muñoz A.
El proyecto
Según «La Tercera», la propuesta de reforma universitaria que alista La Moneda incluirá varios requisitos para estudiar gratuitamente. Entre ellos, las universidades deberán avalar un mínimo de años de acreditación y la implementación gradual de la gratuidad comenzaría cubriendo a estudiantes de familias del 70% de menores ingresos. Para mantener el beneficio los alumnos podrán reprobar un máximo de cursos y la gratuidad contemplaría sólo lo que dure formalmente la carrera, más un año de gracia. La idea sería evitar que en Chile se repitan -por ejemplo- ciertos vicios de modelos como el argentino. Allá los universitarios tardan en promedio casi 9 años en terminar sus carreras (en Chile, el promedio es 6,5 años). Y la gran mayoría de los universitarios argentinos deserta. Según un informe del Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA), en las Ues públicas sólo se titulan 23 de cada 100 alumnos matriculados en primer año (en Chile, se titulan 59).
Un modelo diferente
Para Roberto González, vicerrector académico de la UC, es importante que el nuevo modelo universitario chileno evite el fenómeno de los estudiantes eternos : «Es muy bueno que el proyecto esté acotado en el nivel de años. Eso pone un control y estimula a que los alumnos terminen en los tiempos. Eso sí, se debería tener consideración con los casos especiales, como por ejemplo los programas de inclusión». En tanto, Jaime Retamal, académico de la U. de Santiago, opina que el proyecto del gobierno va bien encaminado: «Me parece muy positiva la gratuidad, pero debe haber un equilibrio entre derechos y deberes de los alumnos».
¿Universidad obligatoria?
En Argentina asumen que sus carreras son largas. «Arquitectura dura 6 años, pero tardé 9 en sacarla. Los planes de estudio tienen una carga horaria muy alta. Se hace muy difícil cursar todas las materias y cumplir con las exigencias. Es muy común que los estudiantes demoren más de lo previsto para recibirse; muchos chicos necesitan trabajar para mantenerse», dice Fernando Yosovitch (27), egresado de la U. de Buenos Aires. «Al salir de la secundaria entramos a alguna universidad casi por obligación de la familia. Al ser gratuita, no tenemos esa presión por terminar rápido… para solucionarlo pondría ingresos más exigentes», opina Ismael Gatica, profesor adscripto de la facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la U. del Cuyo de Mendoza.
Plata para los más chicos
El argentino Alejandro Clocchiatti, académico del Instituto de Astrofísica de la UC, conoce muy de cerca el modelo trasandino. Aunque estudió en la U. de La Plata -pública y gratuita- desconfía de la gratuidad universal: «En educación superior el foco tiene que estar puesto en el desarrollo del talento. No queremos una sobrepoblación de ingenieros, médicos, abogados o contadores mediocres, que luego van a andar por el mundo ganándose la vida como taxistas o quiosqueros: vaya a Buenos Aires o alguna otra ciudad grande de Argentina y haga una pequeña encuesta. Es una frustración social acumulada enorme. Veo los recursos invertidos para la gratuidad de la educación superior como recursos restados de la educación inicial. Y es en ésta etapa donde podríamos hacer la diferencia, preparando mejor a los niños que vienen de entornos vulnerables, para que sus talentos se desarrollen y no se pierdan».


