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Título/Pie de foto: Mi pequeño animal
Rafaela Merino-Bianchi
Uqbar Editores, 2014, 167 páginas.
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Título/Pie de foto: Patricia Espinosa
La totalidad de las figuras femeninas que aparecen en el volumen son fuertemente dependientes de lo masculino. En el caso de la protagonista, este vínculo es patológico.
Patricia Espinosa
M i pequeño animal es la primera obra de Rafaela Merino-Bianchi. Una novela que se adscribe a la autonarrativa, centrada en las vicisitudes de un yo que relata sus experiencias traumáticas con el fin de lograr no sólo un registro del drama, sino también una aclaración de los hechos, al modo de un ejercicio de rehabilitación. Más allá de que la protagonista sea una mezcla de Amélie con Frances Ha, lo más inquietante de la novela es haber derrochado un buen recurso dramático: la violación de una menor de edad perteneciente a la élite. Sin embargo, esta poderosa temática es destruida por el propio relato al insertar un discurso liviano y superficial que prácticamente devora al libro.
María Gracia, la protagonista, recorre el tramo 1996-2013 a través de ocho capítulos en los cuales bucea con detalle en su adolescencia y adultez. Se trata de una chica de barrio alto, que desde pequeña manifestó sus discordancias y rebeldías con las normas de su conservadora familia. En el origen, sucede lo que se reiterará a través de todo el volumen. La chica es seducida por un amigo de sus padres, un médico que la abusa sexualmente aprovechando su ingenuidad y desolación. La imagen del abusador y las culpabilidades familiares torturarán a María Gracia durante años, impidiéndole relacionarse con hombres y armar vínculos afectivos consistentes.
Cuando su madre descubre que ha tenido relaciones sexuales, la muchacha es expulsada de la familia, debe aprender a vivir sola y a sobrellevar constantes crisis. Los diversos desórdenes psicológicos de María Gracia intensifican sus fracasos amorosos y sexuales; además, el desarraigo se convierte en su destino ineludible. Por desgracia, el dramatismo de todas estas situaciones tiende a perderse debido a la banalidad de las reflexiones de la protagonista sobre su modo de vida, ya sea en París, Buenos Aires o el barrio Lastarria, contextos elaborados desde una mirada plenamente turística. El mayor desacierto, en cualquier caso, es el desvío de foco que experimenta la voz narrativa, pone entre paréntesis la reflexión sobre el dolor y se dedica a reforzar su sofisticación, detallando sus trabajos como exitosa gestora cultural, su forma de vestir, sus peinados, sus frecuentes visitas a tienditas alternativas y a citar tristes canciones pop que reflejan sus estados anímicos.
La totalidad de las figuras femeninas que aparecen en el volumen son fuertemente dependientes de lo masculino. En el caso de la protagonista, este vínculo es patológico. Si hay algo que la autora sí consigue, es conformar un femenino que se define a partir de la aprobación masculina. Esta tipología de mujer entiende que su mayor logro es el amor correspondido y llegar a tener hijos con su amado. Es así como el discurso amoroso va ganando cada vez más terreno en esta historia, dejando atrás incluso la resolución del conflicto central, el cual es superado y despachado en un dos por tres.
Aun cuando el desamarre de los conflictos emocionales resulta simple, la narración pudo ser mucho más, porque hechos dramáticos le sobran. La autora consigue momentos de intensidad al relatar el dolor del personaje protagónico; sin embargo, la sobresaturación de referencias sobre su estilo de vida le inyecta un tono frívolo que revierte gran parte de la tragicidad de la novela.
Mi pequeño animal
Rafaela Merino-Bianchi
Uqbar Editores, 2014, 167 páginas.


