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Título/Pie de foto: Soy periférico
Richard Sandoval
Contragolpe Ediciones, 2014, 163 págs.

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Título/Pie de foto: José Ignacio Silva


Soy periférico es un libro intenso, urgente y acelerado. Un volumen con bríos, pero a la vez con incoherencias.

Si hay un sentimiento que destila de las páginas de Soy periférico , obra del periodista y editor Richard Sandoval, es el orgullo. La rabia también. El norte de este libro, se entiende, es dar a conocer las aristas de la vida en los contornos de la metrópoli, habitados históricamente por los desaventajados, los siempre olvidados, avasallados y desfavorecidos por el sistema, donde el paso lo marca el neoliberalismo mientras el consumo es el subterfugio para ganar estatus. Richard Sandoval, periodista y editor del blog noesnalaferia.cl , escribe y habla no desde la óptica de una examinador externo, sino desde quien cuenta experiencias que han signado la totalidad de su existencia.

El volumen, compuesto en su mayoría por columnas publicadas en el mencionado blog, junto con fotografías de Joaquín Cacciuttolo, se divide en seis secciones, en las cuales se analizan distintos ángulos de la cotidianeidad periférica, desde las señoras que son el emblema del barrio -emblema del sacrificio, más que cualquier cosa-, pasando por la homosexualidad periférica, el Nissan V16, desodorantes, perfumes, herramientas tecnológicas, música, transporte público, las Halconas de Felipe Camiroaga y diatribas nada amistosas contra protagonistas de la opulencia nacional, como el empresario Horst Paulmann.

Richard Sandoval pone sobre la mesa una indudable vehemencia, incluso cierta ampulosidad en su escritura furibunda, apurada por momentos y tributaria de Pedro Lemebel, antes que de Nicomedes Guzmán o Manuel Rojas: se busca emular ese coraje y ese lenguaje frondoso. Así las cosas, estos textos -que, dada su extensión breve, de repente se cortan en pleno vuelo- también requieren de cierta poda, cierto lijado. Esto no sólo en lo formal, también en cuanto a su tono. Así sucede cuando se habla de la ex candidata presidencial Roxana Miranda, apartado que es, sin más, un rígido panfleto político. Pero tal vez el más severo problema que presenta este volumen se da en la sección «Mercadería popular». Aquí Sandoval pisa el palo de la ironía engolosinada y transita peligrosamente por los desfiladeros del clasismo. Se percibe el deseo de hacer un examen jocoso de ciertos usos y costumbres de la periferia; sin embargo, el resultado se distingue poco de la burla, de la mofa ante, por ejemplo, los perfumes o los desodorantes de los pobres. Acá el autor es innecesariamente brutal y grosero con sus iguales (que optarían por fragancias «con olor a poto cochino»), lo que hace tropezar el proyecto de orgullo de clase en una contradicción.

En las secciones siguientes, empero, Soy periférico se recupera. Sandoval le baja el tono al sarcasmo y, en vez de reírse de su clase, dirige el escarnio a empresarios, AFP, arribistas, etcétera. El autor le da más espacio a una escritura honesta, con más sofisticación e intimidad, como se ve en la crónica que dedica a su padre, un relato logrado en fuerza y cariño: «A veces tengo miedo de olvidarme de su voz, esa que me visita un par de veces al año. Pero se me pasa luego, porque su recuerdo vive en cada conscripto que se aprieta las mandíbulas para evitar llorar cuando jura la bandera».

Soy periférico es un libro intenso, urgente y acelerado. Un volumen con bríos, pero a la vez con incoherencias. La pluma de Richard Sandoval, suelta y poco complaciente, aún tiene pendiente ser más selectiva en los blancos de sus misiles; cubre bien el apuntar con el dedo las grandes fuentes del malestar y la injusticia que a diario oprimen la existencia sacrificada de una gran masa taciturna de chilenos, ante los cuales, no obstante, el autor se comporta como un adalid poco leal con la clase que supuestamente ensalza.

Soy periférico

Richard Sandoval

Contragolpe Ediciones, 2014, 163 págs.

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