El futbolista es un fingidor

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Fierro recibió este sábado contra Barnechea el manotazo impune de un jugador que simulaba ir a la pelota. Quedó sin sanción y los administradores de justicia demostraron su doble estándar.

Esteban Abarzúa
En el fútbol hay dos tipos de reacciones frente a las faltas graves o aparentemente graves de los rivales: rodar por el pasto como el Murci Rojas, Charles Aránguiz y Gonzalo Fierro, con evidentes muestras de dolor si nos apegamos al lugar común del relato, y la de los jugadores que justamente no se pueden mover por el dolor.

El caso del actual capitán de Colo Colo, castigado por el novedoso concepto de «simulación exitosa grave», sin duda despertó el apetito de los mejores polemistas locales, que ahora nos llegan como una mezcla del «acúsalo con tu mamá, Quico» de la Popis y el «ahaaaaa» del Nelson de «Los Simpsons», convertidos en consumados analistas de repeticiones en cámara lenta.

Ante un caballazo de un jugador de Iquique, Fierro se llevó las manos a la cara y logró su expulsión del campo, pero se ganó una amarga pasada por el tribunal de penalidades. Luego, ante O'Higgins, me hizo recordar la lanza con que un soldado romano perforó el costado de Cristo en la cruz cuando Hugo Droguett le regaló un tacazo en las costillas. ¿Era para tanto? Aunque el golpe existió, Fierro quedó inscrito en el panteón de los grandes simuladores del siglo.

El norteamericano Erving Goffman, considerado el padre de la microsociología por «La presentación de la persona en la vida cotidiana», sostuvo que siempre llevamos puesta una máscara, que es básicamente un resumen de los otros en nosotros mismos, y agregó que en la escena social nos comportamos como mercaderes de la moralidad. Esa dimensión teatral se cumple mejor aún en juegos como el fútbol y convoca, por ejemplo, al Leo Rodríguez cuando se puso a llorar de rodillas en el Monumental de River tras la eliminación de la U en la Copa Libertadores del 96, al Mago Valdivia ese día en que se salió del partido por hablarle a una cámara de televisión y al mismo Alexis Sánchez cuando se saca la camiseta para mostrar el six pack. Sabemos que la galería está mirando.

El problema de Fierro, en el fondo, es el que denunció Clavito Godoy desde sus años de circo. Simular faltas es una práctica muy antigua y descontinuada por el avance de la tecnología. Pretender la erradicación de las actuaciones en el campo de juego, sin embargo, es hacer una declaración de ingenuidad. Somos fingidores por naturaleza y la cancha es uno de los mejores escenarios para poner a prueba la calidad de nuestras dotes actorales. Fierro recibió este sábado contra Barnechea el manotazo impune de un jugador que simulaba ir a la pelota. El rival quedó sin sanción y los administradores de justicia dejaron en claro su doble estándar: Fierro se lo merecía.

Pero los jugadores como Fierro, más que desaparecer, deberían mejorar su técnica. El primer paso es sencillo: quedarse en el piso como si les hubieran pegado un balazo. Inertes una decena de segundos para que nadie los apunte con el dedo. La sinceridad también es una puesta en escena y se vende al mejor postor.

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