De niña era fanática, cuenta Tonka Tomicic; es nostalgia pura, define experto en moda
Crece el fenómeno kidult: adultos que consumen productos íntimamente ligados a su niñez.
Pía Arratia tiene 42 años, pasó la mitad de su vida en el Ejército y se retiró con el grado de mayor. Luego se hizo conocida como «La Comandante», por su participación en el reality «Palabra de Honor» de C13. Pero a pesar de su imagen ruda, cuando vio en el Instagram de Hello Kitty (@hellokittychile) unas zapatillas de la marca no dudó y se las compró.
«Mis recuerdos de infancia los mantengo vivos con objetos que me generan buenos sentimientos. Los compro cada vez que puedo», cuenta.
El modelo Hello Kitty de Converse es bien colorinche. Pero eso levanta una duda: ¿acaso no existe presión por vestirse más seria o formal después de los 40? Arratia dice que no la ha sentido: «Por el contrario, las mujeres de mi edad, incluso mayores, siempre me preguntan dónde las compré. O me dicen yo también las quiero».
En Chile, cuenta, se venden productos exclusivos del personaje a nivel local y eso le parece una ventaja: «Hello Kitty ya es parte de la cultura pop y es motivo de conversación siempre. Hasta hombres famosos la han usado y no hay drama con su masculinidad».
Kidults
Su gusto no es aislado. El fanatismo por Hello Kitty entre gente mayor de 40 coincide con el avance del fenómeno «kidult», término que se usa para describir a adultos que consumen productos ligados a la infancia: no se trata de una regresión, sino una forma de nostalgia, identidad y gusto personal. Ahí entran desde figuritas coleccionables hasta ropa, accesorios o zapatillas.
Según la consultora Circana, el segmento de 12 años o más ya representaba 28,5% de las ventas de juguetes en Europa en 2023, mientras el aniversario 50 de Hello Kitty ayudó a reactivar una nueva ola de colaboraciones globales y a reforzar su lugar como símbolo transversal de cultura pop.
Tonka Tomicic relata una experiencia parecida: «Yo de niña era fanática de Hello Kitty y tener un estuche, un lápiz o una goma era lo máximo. Ponerme hoy unas zapatillas con ese diseño es traer algo que me encantaba en la infancia a mi vida adulta. Me gustan, me hacen feliz y me conectan con algo mío. Cuando algo te representa, automáticamente se transforma en estilo».
La presentadora de televisión reconoce que todavía existe un prejuicio sobre cómo debería vestirse uno según la edad, pero cree que eso está cambiando. «Las mujeres están mucho más conectadas con lo que sienten que con lo que deberían ser», plantea.
Conexión emocional
Kevin Cortés, periodista y editor de VisteLaCalle, cree que el fenómeno de usar en la adultez prendas antes reservadas para los más pequeños tiene raíces más profundas que el gusto por un personaje. «Durante años nos vendieron una idea bastante limitada de madurez: sobriedad, neutralidad y cero riesgo. La moda hoy está atravesada por la nostalgia. Creciste viendo a Mickey Mouse o a Goku y eso no desaparece: se transforma», establece.
Cortés apunta a que la moda urbana y las redes sociales diluyeron la rigidez del vestir adulto: «Hoy ves a alguien de 40 con zapatillas animadas, pero no es alguien que no creció. Es alguien seguro de su estilo».
Sobre Hello Kitty en particular, Cortés apunta a que el popular personaje japonés hace rato dejó de leerse sólo en clave infantil. «Se ha recontextualizado dentro de la moda, el streetwear e incluso el lujo a través de colaboraciones. Si alguien lleva el cocodrilo de Lacoste, ¿por qué sería extraño llevar un gatito?», cuestiona. Quienes usan estos estampados, concluye, no buscan verse tiernos ni infantilizar su look: «Buscan conectar con algo que fue parte de su infancia o adolescencia y que tiene un valor emocional real».
El negocio de la nostalgia
Claudio Caiguan, creador de contenido de historia y moda, apunta a un factor generacional. «Las personas que en los noventa tenían 5 o 10 años ahora tienen 40, 45. Es nostalgia pura: llevar algo que te recuerda a tu infancia». En Japón, recalca, mujeres de más de 30 años usan estética kawaii sin que a nadie le parezca raro y cree que ese código se está importando: lo define como una microtendencia de nicho ligada al animé y la cultura pop japonesa.
«Estas marcas agarran algún movimiento específico y lo llevan a cabo. Adidas sacó una colección entera con Dragon Ball Z, Vans ha sacado con Hello Kitty y con Star Wars. Apelan a gente que le gusta la moda y que además se relaciona con un personaje que les gusta», resume.


