Hoy representan cerca del 23% de las ventas totales de la categoría
Antes se asociaba principalmente al verano, mientras que ahora se toma todo el año, en distintas ocasiones, con comidas más diversas. A la vez, se conecta bien con estilos de vida menos formales.
Un cambio cultural. Así explica Susana Sierralta, brand owner de Viña Carmen, las cifras que anotan los vinos blancos en relación con el total de la categoría. «Hoy representan cerca de un 23%, lo que es muy interesante porque históricamente Chile ha sido un país que consume mucho vino tinto. Ese porcentaje nos dice que el vino blanco dejó de ser el acompañamiento y pasó a tener un espacio propio en la mesa y en las ocasiones de consumo».
A modo de contexto, la ejecutiva comenta que estos vinos vienen creciendo de manera sostenida en los últimos cinco años. «Lo que pasa es que cambió el consumidor, que hoy busca vinos más frescos, versátiles y ligeros. Antes el blanco estaba muy asociado al verano, ahora se toma todo el año, en distintas ocasiones, con comidas más diversas. Hay una conexión con estilos de vida más relajados y menos formales».
Rosario Palma, enóloga de la viña Cousiño Macul, pone de manifiesto otro cambio al decir que «durante mucho tiempo se instaló la idea de que la compra de vino estaba más asociada a hombres, pero en la práctica eso ha variado de forma evidente. Hoy vemos a muchas más mujeres interesadas, informadas y tomando decisiones de compra, no solo en vinos blancos sino en la categoría completa. En este segmento de vinos, más que una preferencia marcada por género, lo que percibimos es un consumidor mucho más transversal, curioso y abierto a explorar distintas variedades y estilos. En ese contexto, los vinos blancos y rosados han ido ganando espacio por atributos como frescura, versatilidad y facilidad de consumo. También creemos que el aumento de las temperaturas ha influido en esta tendencia».
En el caso de los tintos, da la impresión que las personas conocen bastante bien las características de las distintas cepas. ¿Sucede lo mismo en el caso de los vinos blancos?
«Existe una percepción más instalada sobre las cepas tintas, pero eso también está cambiando. Hoy hay mayor acceso a información y más espacios de educación, lo que ha permitido que el consumidor esté más familiarizado con cepas blancas, especialmente con Chardonnay y Sauvignon Blanc. Aun así, sigue habiendo espacio para seguir acercando estas variedades desde un lenguaje más simple y desde la experiencia».
Frente a la misma pregunta, Alexandra Villalón, subgerenta de botellas finas de Misiones de Rengo, dice que todavía queda camino por recorrer. «El consumidor chileno tiene una tradición muy ligada a los tintos y conoce muy bien variedades como Cabernet Sauvignon o Carmenere. En blancos, muchas veces las personas se quedan en lo más conocido y ahí es donde buscamos acercar nuevas experiencias y demostrar que los blancos también tienen una enorme diversidad de aromas, estilos y momentos de consumo».
¿Cuáles son las cepas de mayor demanda?
«El Sauvignon Blanc sigue siendo el gran protagonista gracias a su frescura, perfil herbal y su acidez vibrante, que entrega una sensación muy refrescante en boca. Luego viene el Chardonnay, que tiene un perfil más frutal y sedoso, con notas tropicales y una textura más envolvente».
¿Y hay interés por ofrecer otras cepas para diferenciarse?
«Más que llenar al consumidor de nombres de cepas poco conocidas, nuestra apuesta por la diferenciación está puesta en la experiencia. Queremos inspirar a las personas a descubrir nuevas formas de disfrutar el vino, a través de propuestas con perfiles únicos de sabor, aroma y frescura».
Susana Sierralta también pone al Sauvignon Blanc y al Chardonnay en los primeros lugares de venta. «Ambas funcionan muy bien porque responden a lo que se está buscando hoy: vinos ricos, fáciles de disfrutar y que se adapten a distintas ocasiones». Respecto a la propuesta de Viña Carmen, explica que siempre están monitoreando tendencias porque las personas están mucho más dispuestas a explorar y no se quedan solo en las cepas clásicas.
«De hecho, con la línea Frida Kahlo ya exportamos variedades como Moscato y Pinot Grigio a otros mercados, y perfectamente podrían llegar a Chile en el futuro. Son cepas muy expresivas, frescas y con mucha personalidad, que conectan súper bien con quienes buscan vinos más relajados y fáciles de disfrutar».
Romper la formalidad
En cuanto a su catálogo, en Cousiño Macul hablan de la línea Isidora -segmento Reserva- con variedades como Riesling, Sauvignon Gris y más recientemente Sauvignon Blanc. «Son vinos que buscan mostrar un carácter distintivo, con perfiles más maduros y mayor estructura, algo que se relaciona también con el origen de parte de estas uvas en el valle del Maipo, un valle de clima más cálido. El Riesling, por ejemplo, destaca por su equilibrio entre frescura y expresión aromática, mientras que el Sauvignon Gris ofrece mayor textura y complejidad. Sus precios se mueven entre $7.000 y $10.000, dependiendo del mercado y canal de venta, algo accesible dentro del segmento Reserva».
En el caso de Carmen, en el segmento varietal trabajan Sauvignon Blanc y Chardonnay. «El primero es fresco, cítrico y muy vibrante; mientras que el segundo es más estructurado, con notas a frutas blancas, ideal para quien quiere un blanco con cuerpo. Además tenemos un Late Harvest, que dulce e intenso, ideal para postres o sobremesa. Sus precios van desde $3.290 a $4.850», dice Susana Sierralta.
En las líneas Carmen Frida Kahlo Reserva y Premier, en tanto, esta viña trabaja principalmente el Sauvignon Blanc y Chardonnay, además de un Rosé. «Este último, aunque técnicamente no es blanco, conversa muy bien con la tendencia hacia vinos más frescos y ligeros. La filosofía detrás de estas líneas es súper clara: ofrecer vinos Reserva que no se sientan intimidantes ni solo para ocasiones especiales. Queremos productos ricos, accesibles y fáciles de incorporar en el día a día. El consumidor hoy busca calidad, pero sin tanta ceremonia».
En Misiones de Rengo ofrecen Sauvignon Blanc y Chardonnay en su línea varietal, cuyos precios están en torno a los $3.890. «Ambos tienen perfiles muy frutales y frescos», explica Alexandra Villalón, quien agrega que otra alternativa es su Rosé, «ideal para quienes buscan una alternativa ligera y versátil. En el segmento Reserva, identificado con la Cruz Dorada como símbolo de calidad, contamos con un Sauvignon Blanc elaborado con uvas del Valle de Casablanca, lo que le entrega mayor elegancia, intensidad aromática y frescura. También están nuestros Late Harvest y Late Harvest Rosé, opciones dulces muy valoradas por quienes buscan vinos más expresivos y fáciles de disfrutar».
La categoría vinos es vista por los jóvenes como muy formal y a veces incluso un poco aburrida. ¿Cómo es posible entusiasmarlos para que se acerquen a los blancos?
«El gran desafío es romper con la idea de que el vino tiene que ser algo serio o lleno de reglas. Hoy el consumidor joven busca experiencias más auténticas, relajadas y compartibles. Por eso creemos que el vino debe disfrutarse con libertad y sin tanta formalidad. Nuestra línea Medium Sweet conecta muy bien con ese espíritu: son vinos más frescos, amigables y versátiles, ideales para aperitivos, reuniones informales o coctelería, incluso pensados para disfrutarse con hielo si así se prefiere».
En Viña Carmen también reconocen que el vino todavía arrastra una gran solemnidad asociada a la copa correcta, el maridaje correcto o la temperatura correcta. «La categoría tiene que relajarse un poco, sacar al vino del mantel blanco y llevarlo al picnic, al after office, al asado o a la previa. Con Frida Kahlo hemos conectado súper bien con consumidores más jóvenes justamente desde ahí. ¿Vino blanco con hielo? Bienvenido. ¿Con sushi, con pizza, con tacos, con una buena conversación? También. Cuando el vino vuelve a ser algo social y entretenido, cambia completamente la relación con la categoría», explica Susana Sierralta.
Para Rosario Palma, de Cousiño Macul, más que cambiar al vino en sí, lo que se ha demostrado que funciona es cambiar la forma en que se acerca al consumidor joven. «En nuestro caso, el enoturismo ha sido una puerta de entrada muy efectiva, porque permite descubrir el vino de una manera mucho más natural y sin prejuicios. En los recorridos incluimos degustaciones de vinos blancos y muchas veces personas que no los tenían en su radar terminan sorprendiéndose. Esa experiencia más espontánea y auténtica es la que finalmente despierta el interés y genera una conexión con la categoría».


