El brasileño sufrió un golpe en el cuello que le entumeció el cuerpo
Hace dos años practicaba enduro, pero esta caída, reconoce, me dio miedo. Así es que vende su moto.
Para Fabricio Vasconcelos los viernes son sagrados. Al igual que algunos tienen los jueves de pichanga, para el brasileño esos días eran de juntarse con amigos, subirse a sus motos de enduro -como la Husqvarna TE 300 I del 2023 que tiene ély saltar algunos cerros de Colina, comuna donde reside. La última jornada que vivió lo jubiló anticipadamente de su afición por las motos.
«Iba de lo mejor, son cerros que conozco y de repente tuve un accidente. Como que perdí el control de la moto y al caer me golpeé el cuello. Iba con todas las protecciones, pero esta caída la sentí distinta porque se me durmió la mitad derecha del cuerpo, como un hormigueo que incluso ahora que estoy en reposo todavía siento».
La descripción que hace Fabricio corresponde a un hombre que es capaz de reconocer que «me dio miedo esta caída, la sensación de tener dormido el cuerpo. Pensé que me había golpeado una vértebra o algo así. Ya me había fracturado un par de costillas, unos dedos, pero este accidente me asustó».
Después de los exámenes correspondientes que arrojaron un esguince cervical con implementación de cuello ortopédico, Fabricio se dio tiempo de pensar en la caída y en estos dos años de práctica de enduro: «Lo tomé como un aviso porque ya me estaba fracturando mucho. Así que me voy a tomar una pausa o un para siempre y voy a dejar la moto». Suena en serio lo que dice y ya tomó acción: en su cuenta de Instagram (@fabriciovascos) puso un aviso con la venta de su moto Husqvarna con las protecciones (botas número 45, jofa -protección de torsoy rodilleras) de regalo. «Amo este deporte, pero voy a parar, básicamente porque quiero vivir más. Voy a vender la moto y todo lo que considere un riesgo. Por ejemplo, tengo un buggy que le compré a las niñas que ni usan, otra moto a la que tampoco me voy a volver a subir».
¿Se tomó en serio la caída?
«Un golpe en el cuello, en la cabeza es otro tema, son peligrosos. Además yo creo que es un alivio para las niñitas y Mariela (Román, su esposa) que cada vez que salía me veían llegar reventado, con algo quebrado».
¿Y qué deporte hará ahora?
«Me voy a ir por deportes menos riesgosos, algo más tranquilo. Con la plata que le saque a la venta de las motos y de las otras cosas ya decidí que voy a construir una cancha de tenis. Me voy a enfocar en ese deporte y lo podemos hacer en familia sin riesgos».
Mariela, su esposa, nunca ha jugado tenis, pero le entusiasma la idea de apoyar a Fabricio en un deporte lejos de la osadía del motociclismo en cerros.
«Mi papá es kinesiólogo y cuando éramos chicos nos llevaba a la clínica y veíamos personas de todas las edades lesionadas o incluso sabíamos de gente que moría en moto, así que siempre las he odiado, las odio en todas sus versiones», cuenta Mariela.
¿Cómo lo hizo con Fabricio y su afición entonces?
«A él le gustan las motos, desde siempre. Lo conocí arriba de una moto y él siempre ha sabido que a mí no me gustan. Yo nunca me metí y tampoco lo hago en lo que le gusta, no podría haberle dicho que se bajara de una moto. Ahora siento que en realidad quedó con temor de subirse otra vez».
¿Le daba miedo, Mariela?
«Sí, cada vez que salía quedaba con el alma en un hilo. Cuando se lesionó la otra vez de las costillas estaba enojada porque son riesgos que él se busca, pero ahora me preocupé, lo regaloneé porque igual fue fuerte».
O sea igual está un poco más tranquila ahora que se jubiló.
«Sí, yo estoy silente con respecto a eso, pero también me da pena que deje de hacer algo que le gusta tanto. Sé lo que le cuesta, pero está entusiasmado con la idea del tenis. Habrá que aprender a jugar, jajajá».


