Doctor en biología Gabriel León lanzó libro Teorías conspirativas: la ciencia detrás de la creencia
Asegura que depende de cómo evolucionó nuestro cerebro para mantenernos vivos, buscando explicaciones a todo.
Algunas de las teorías de la conspiración que todos hemos escuchado: los extraterrestres construyeron pirámides o moais, la Tierra es plana, la humanidad nunca llegó a la Luna, las vacunas provocan autismo y los reptilianos (extraterrestres con pinta de reptil) controlan el mundo. ‘Son explicaciones entretenidas, muy satisfactorias porque están llenas de detalles, además identifican a un culpable.
Pero si uno las mira desde fuera, se da cuenta que no se sostienen para nada', explica Gabriel León, doctor en biología molecular y divulgador científico que acaba de lanzar el libro ‘Teorías conspirativas: la ciencia detrás de la creencia'.
En la publicación, León explica que el cerebro humano ha evolucionado para ser desconfiado pues cuando éramos aún presas de depredadores, era una ventaja reaccionar rápido ante ciertas señales, como el movimiento de un arbusto o la mirada torva de algún otro humano.
Quienes reaccionaban con temor tenían más probabilidades de sobrevivir que quienes andaban sin miedo corriendo riesgos.
A eso se suma que tendemos a buscar explicaciones al mundo que nos rodea: ‘Cuando los hechos pueden ser considerados aleatorios, provocan incertidumbre y ansiedad.
El cerebro conecta situaciones y crea una realidad.
Eso te da una sensación de que vives en un mundo que está bajo control'.
Esto podría explicar la teoría conspirativa sobre el surgimiento del virus que causó la pandemia.
Ante el miedo y el desconocimiento, circuló el absurdo de que la enfermedad había sido creada por laboratorios chinos.
De acuerdo a León, está comprobado que ante la ausencia de control sobre los hechos que nos suceden, los seres humanos crean patrones para entender.
¿Qué tipo de personas son más crédulas ante las teorías conspirativas?
‘Se han estudiado los factores que hacen a las personas más susceptibles: desconfianza ante el poder, la idea de que la información real es inalcanzable, experiencias previas de alta incertidumbre y la necesidad de encontrar un sentido del mundo'.
Hay personas con títulos y cargos que creen el infundio contra las vacunas.
‘Es que no depende del nivel de instrucción.
Aquello que los hace más susceptibles es que su cerebro funciona de una determinada manera'.
Gabriel León sostiene que desmantelar uno a uno estas historias es un cuento de no acabar.
Por eso resulta más eficiente enseñar a las personas a detectar la estructura que las sustenta.
Primero, las teorías conspirativas descartan la casualidad, el error o el caos como el motivo de un hecho.
Tras los eventos plantean la existencia de un grupo de poderosos que sacan provecho de los ciudadanos comunes y silvestres.
Para mantener su secreto mantienen una campaña de desinformación masiva, sólo desenmascarada por algunos iniciados con acceso a la verdad.
Aún cuando resulte rebuscada o inverosímil, según León, esa explicación será más razonable a estas personas a reconocer que simplemente no tienen idea.
¿Y por qué?
‘Porque es profundamente satisfactorio encontrar respuestas.
Además, trae un beneficio porque las personas se sientes superiores al acceder a una verdad que no estaba disponible para todos'. .


