La inversión valió la pena: Patrick Quintanilla es hoy director de una consultora en Washington DC
Su vínculo con el sector energético le abrió la puerta en un mercado profesional en extremo competitivo.
Ingresar a la Harvard Business School, una de las escuelas de negocios más prestigiosas del mundo, exige años de preparación, experiencia profesional y una inversión que puede superar los 260.000 dólares (unos $233 millones). Ese fue el camino que recorrió Patrick Quintanilla (36), ingeniero civil eléctrico de la Universidad de Chile, quien dejó atrás una carrera consolidada en el sector energético para cursar un MBA en Estados Unidos y abrirse paso en uno de los mercados laborales más competitivos del mundo.
Como muchos profesionales chilenos que buscan ampliar sus conocimientos y desarrollar una trayectoria internacional, Quintanilla decidió postular a varios programas de posgrado en EE.UU. Envió solicitudes a diversas universidades; algunas lo aceptaron, otras descartaron su postulación y muchas lo mantuvieron en lista de espera.
El proceso fue largo y exigente. Antes de presentar sus antecedentes debió cumplir una serie de requisitos habituales para quienes aspiran a ingresar a programas de negocios en ese país: entre ellos, rendir el Graduate Management Admission Test (GMAT), examen estandarizado que evalúa habilidades analíticas, matemáticas y verbales.
«Pasé al menos dos años preparándome mientras trabajaba. Estudiaba para el GMAT, escribía ensayos de admisión para distintas universidades -en esa época todavía no existía ChatGPT- y pedía cartas de recomendación profesional. Fue un proceso muy difícil y competitivo. En verdad requiere muchísimo trabajo», recuerda.
Para no perderse entre fechas, requisitos y formularios, mantenía un documento donde registraba el avance de cada postulación. «Cada universidad pide ensayos distintos y plantea preguntas diferentes. No puedes reutilizar demasiado material. Para el GMAT compré libros, estudié por internet y dediqué muchas horas de preparación», explica.
Después de varios intentos y postulaciones, Quintanilla recibió una invitación de la Harvard Business School para una entrevista presencial, una de las etapas más relevantes del proceso de admisión. «Viajé a Boston en 2020 para ver qué pasaba. Me aceptaron y finalmente quedé. La verdad es que todavía no sé exactamente por qué me eligieron», admite.
Al postular, Quintanilla sumaba cerca de ocho años de experiencia en la industria energética, especialmente en proyectos hidroeléctricos y energías renovables. Ese recorrido profesional, estima, pudo haber contribuido a fortalecer su perfil frente a un proceso de selección que recibe miles de postulaciones de todo el mundo.
Sin embargo, la admisión era solo una parte del desafío: su siguiente interrogante era cómo financiar el programa.
Los MBA de las principales universidades estadounidenses se encuentran entre los más costosos del mundo. De acuerdo con la información publicada por Harvard Business School, (hbs.edu, https://acortar.link/PbXgrl), el costo anual para un estudiante soltero bordea los US$ 130.000 al año, cifra que incluye matrícula, seguro médico, gastos de salud, vivienda, alimentación y transporte. Para estudiantes casados el monto supera los US$ 159.000, mientras que para quienes tienen un hijo alcanza aproximadamente a US$ 179.000.
Considerando que el programa dura dos años, el desembolso total puede superar ampliamente los 260.000 dólares en el caso de un estudiante sin hijos.
En su caso, una beca que le otorgó por la propia universidad cubrió una parte importante de los costos. El resto fue financiado mediante un préstamo bancario en Estados Unidos. «La verdad es que fue una experiencia muy bonita. Me siento agradecido y afortunado de haberla vivido junto a mi esposa y mi familia», valora.
Alta competencia
Tras graduarse, Quintanilla consiguió empleo en S&P Global, compañía reconocida internacionalmente por sus análisis financieros, clasificaciones de riesgo e índices bursátiles como el S&P 500 y el Dow Jones. Su trabajo, sin embargo, se concentra en otra área: consultoría y análisis vinculados a energía, commodities y recursos naturales.
Ingresó como consultor principal en 2022 y actualmente es director asociado, cargo desde el cual lidera equipos de trabajo, coordina proyectos y mantiene contacto directo con clientes en distintos mercados. «Durante varios años vimos mucho interés por la descarbonización y el hidrógeno verde. Hoy la conversación está mucho más enfocada en minerales críticos, resiliencia de cadenas de suministro y centros de datos, que son algunos de los temas más relevantes para la industria», comenta.
Aunque el MBA abrió puertas y fortaleció su perfil profesional, Quintanilla aclara que insertarse laboralmente en EE.UU. sigue siendo un desafío complejo, incluso para graduados de universidades de élite. «Es difícil encontrar trabajo acá. La universidad de la que egresé ayuda y abre puertas, pero los filtros son muy exigentes. Además, compites con profesionales extraordinarios que llegan desde todas partes del mundo», señala.
A ello le suma la necesidad de conseguir el patrocinio de las empresas empleadoras. «Cuando se requiere que una compañía patrocine una visa, el universo de oportunidades laborales se reduce automáticamente. El MBA ayuda, porque valida la experiencia profesional en Estados Unidos y permite acceder a ciertos procesos de selección. Pero eso es solo una parte del camino. Después, sigue siendo muy difícil», afirma.
«Es difícil encontrar trabajo acá. La universidad de la que egresé ayuda y abre puertas, pero los filtros son muy exigentes»


