El reportero de Chilevisión pasó de la alegría de su primera Copa del Mundo a la repentina muerte de María Amanda Valdés
Me crió vendiendo sopaipillas en el quiosco del estadio, cuenta el periodista, que como hijo único creció con un papá relator de fútbol y una madre futbolera que hacía el aseo en la radio que transmitía los partidos.
Que la vida da y quita lo comprobó en carne propia Juan Vera Valdés, el reportero de Chilevisión que alcanzó a bajarse del avión que lo trajo de cubrir el primer Mundial de su carrera para correr a despedir a María Amanda, su madre que falleció este viernes. Las últimas semanas fueron especialmente difíciles para el periodista que hizo de la sonrisa a flor de labios su sello en los despachos desde Estados Unidos. «Mi mamá llevaba años con diabetes, pero los últimos meses le estaba pegando más fuerte», cuenta el sanantonino, agradeciendo al cielo que al menos alcanzó a volver para decirle adiós a la mujer que lo crió vendiendo sopaipillas en el estadio donde ambos alentaban a San Antonio Unido.
María Amanda partió a los 71 años y con ella se fueron los recuerdos de una vida tan llena de esfuerzo como de felicidades. «Sus últimos días fueron complejos, porque además de la diabetes comenzó con demencia. Fue todo muy rápido, a tal punto que cuando llegué del Mundial el domingo pasado ella no me reconoció», agregó «Juanito», como conocen a Vera Valdés en el puerto desde que creció al lado de su padre, que también se llama Juan y lleva 35 años relatando los partidos del SAU.
Difícil mezcla esta de vivir un Mundial y despedir a la mamá casi a la vez, Juan.
«Sí, fue complejo. Estuve un mes, prácticamente, en el Mundial. Partí al 9 de junio y volví el 4 de julio. Y cuando me fui ella no estaba tan mal, al menos estaba lúcida. De hecho, cuando mi papá me mandaba audios de WhatsApp ella se oía de fondo y yo me quedaba más tranquilo. Aunque la última semana fue más tensa, porque mi papá estaba superado por la enfermedad de mi vieja y yo trataba de calmarlo, lo que era difícil a la distancia».
¿Supongo que su mamá era su fanática número uno?
«Claro, yo soy hijo único y mi mamá era mi fanática número uno, a tal punto que durante el Mundial tenía a todos viendo el canal por mí. Mi papá me contaba que hacía una verdadera cadena nacional para que todos vieran a su niño del que estaba muy orgullosa».
¿Ella era futbolera?
«Mil porciento. Mi papá toda la vida ha sido relator de los partidos del SAU, lleva casi 35 años en eso, y mi mamá me crió vendiendo sopaipillas en el quiosco del estadio. Somos una familia que creció en las canchas, a tal punto que cuando ellos se casaron lo hicieron en la sede del club Huracán de acá de San Antonio, donde yo jugaba de chico».
¿Cómo recordará a su viejita?
«Uuufff, con mucho orgullo. Mi mamá tuvo una vida muy dura. Ella se vino desde Rapel de Navidad, en el campo, a trabajar a San Antonio. Tenía 14 años cuando llegó a trabajar de asesora del hogar y después fue nana puertas adentro. Más tarde conoció a mi papá, que en ese entonces tenía otra relación, se enamoraron y me tuvieron a mí. Yo nací en una casa colindante a la radio Sargento Aldea, donde éramos los cuidadores y mientras mi viejo relataba los partidos ella hacía el aseo en la emisora. Fue una gran trabajadora, muy luchadora, y me dio hasta lo que no tenía».
¿Cómo así?
«Lo que pasa es que para ella lo más importante era la responsabilidad y los estudios, entonces se sacó la cresta para que yo estudiara y fuera periodista. Por eso cuando me tuve que ir a Santiago a estudiar, lo que al principio le daba mucho miedo, me ayudaba económicamente. Muchas veces me pasó plata escondida para que tuviera para el arriendo, para moverme o para comer. Y yo también la llamaba todos los días para preguntarle cosas de la cocina. Cómo se hacían las carbonadas, por ejemplo».
¿Ella siempre trabajó entonces?
«A ver, mi mamá no terminó el cuarto medio, pero se consiguió una pega como auxiliar en el Instituto Ercilla acá en San Antonio, donde yo estudiaba. Yo estaba en sexto básico y entró como auxiliar de párvulos, que fue lo que realizó hasta que se jubiló. Por eso ella siempre tuvo su platita para ayudarme».
¿Cómo fue la despedida que tuvo con su mamá?
«Fue un momento muy difícil. Como familia tomamos la decisión de internarla y la semana pasada estuvo lunes, martes y miércoles súper bien. Pero el jueves no amareció bien, le dio una baja de azúcar, una hipoglucemia. No reaccionaba, se la llevaron al hospital a urgencia y ahí le hallaron una neumonía muy importante. Y nada, ahí estuvimos toda la noche, acompañándola, ayudándola en los cuidados, hasta que el viernes en la tarde se fue».


