La jugada más hermosa del Mundial

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Stones quedará en el reverso: el oficio silencioso del hombre que salvó a su equipo sin tocar la pelota. Sobre todo sin tocar la pelota.

Dos segundos le toma al balón pasar de la elegante habilitación de Martin Odegaard, desde campo propio, al pie derecho de Alexander Sorloth en territorio inglés. Dos segundos puede ser mucho tiempo en el fútbol. Noruega gana 1-0 y esta es la daga que mata el partido y la instala en semifinales.
Sorloth no está solo. A su izquierda, Erling Haaland espera el pase que lo convierte en leyenda. Él lo sabe y Sorloth lo sabe. Lo único que se interpone entre ellos y un remate limpio al arco de los Tres Leones es John Stones. Desde la pantalla, Stones le hace honor a su apellido: parece un obstáculo inerte entre dos depredadores. El uno contra dos con el Androide libre debe figurar entre las jugadas más difíciles de defender en el fútbol actual.
Stones llegó al Mundial con una temporada de lesiones a cuestas. Fue titular en el debut y le pasaron la cuenta por los goles de Croacia. Se quedó en la banca ante Ghana y Panamá, entró a los 89 contra el Congo y parchó la defensa ante México por la expulsión de Jarell Quansah a los 57. Frente a Noruega volvió por la ausencia de Quansah. De él se ha dicho que es el mejor central inglés desde Bobby Moore y las dudas de los últimos meses ya lo tenían por las cuerdas.
La jugada del minuto 44, solo frente a Sorloth y Haaland, es probablemente el último boleto de Stones hacia la gloria.
 Cuando el balón sale de Odegaard, Stones está junto a Haaland y tiene dos segundos para decidir: cada paso hacia Sorloth libera al Androide.
César Luis Menotti decía que el fútbol se sostiene en tres materias primas: espacio, tiempo y engaño. Stones administra las tres mientras retrocede. Ralentiza su carrera para bloquear el carril del pase, que la posición y el cartel de Haaland exigen por decreto. Con eso demora el desenlace, para que Sorloth alcance a considerar otra salida. Por mucho que este tipo de cobertura se entrene, con el Mundial y la historia encima es imposible medir lo que vale cada centímetro. Stones acompaña la amenaza y lleva a Haaland en el rabillo del ojo.
Sorloth avanza, levanta la cabeza y encuentra el pase cerrado. Stones convierte una superioridad evidente en un problema. Todavía con el balón, Sorloth pierde a Haaland como referencia y en eso se le va la vida.
Paolo Maldini escribió en piedra el primer mandamiento de los defensores: «Si tengo que hacer una entrada, ya cometí un error». Stones no se barre, no choca, no desvía el tiro. Su intervención ocurre antes del contacto. Mueve unos metros el cuerpo y obliga a Sorloth a creer que ha elegido por sí mismo. El mejor movimiento defensivo del Mundial tiene una elegancia cruel: altera una decisión ajena y desaparece de la autoría.

El tiro de Sorloth se desvía en Nico OReilly, quien llega desde atrás, y el balón le llega manso al arquero de Inglaterra. Sorloth cargará con una deuda privada. Cada repetición hará que Haaland parezca más solo, el pase más sencillo y el arco más grande. Los goles convertidos pertenecen a todos; los que no fueron conservan un dueño íntimo. El mundo seguirá hacia otra jugada, otro héroe, otra generación que recuerde dónde estaba cuando la red se movió. Stones quedará en el reverso: el oficio silencioso del hombre que salvó a su equipo sin tocar la pelota. Sobre todo sin tocar la pelota.

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