Willimapu está al interior de una tienda de artesanías, en el barrio Yungay
En su carta destacan productos como catutos y milcao; café de higo y de avellana; kuchen de murta; picarones y sopaipillas pasadas; junto con chocolates elaborados por una chocolatera mapuche.
Todo el camino que profesionalmente ha recorrido Cecilia Loncomilla apunta a consolidar el concepto de gastronomía ancestral sureña, algo que conoció desde pequeña y que ha convertido en varios emprendimientos.
Nacida en Puerto Montt, cuando niña se vinculó a la cocina a través de sus abuelos y padres. «Mi abuela paterna siempre hacía pasteles, galletas y mermeladas a pedido -al igual que mi madre- y mi abuelo paterno criaba animales. Tengo muchos recuerdos sacando leche a las vacas, haciendo queso, mantequilla y ayudando a preparar comida. Mi padre era hombre de mar y también le gustaba mucho cocinar. Para mí, preparar una comida es una manera de transmitir amor, de comunicar», cuenta.
Cecilia llegó a Santiago a los 23 años, con un hijo de cuatro meses. Como acá no tenía familia ni otras redes de apoyo, la forma que ideó para generar recursos y estar en casa con su bebé fue elaborar tortas y otros productos a pedido. Más adelante estudió diseño y gastronomía y, laboralmente, se unió a sus hermanos para hacer turismo originario urbano. «Uno de ellos es guía y hacía recorridos por el cerro Santa Lucía, el otro es sommelier y ofrecía catas, mientras que yo me encargaba de cocinar. Eso después derivó a ofrecer un servicio de banquetería, me empecé a hacer conocida y la gente preguntaba dónde me podía encontrar. Ahí nació la idea, hace algo más de seis años, de poner un local, abriendo el restaurante Willimapu en el galpón gastronómico del barrio Franklin, con un local muy pequeño».
La carta, por supuesto, resalta los sabores sureños. «Mi propuesta son recetas ancestrales de mar y tierra, trabajo con materias primas de la zona y busco que todos los sabores se expresen de la mejor manera posible. Quiero que los turistas y que los chilenos de otras partes del país prueben la comida ancestral real, degusten los sabores sureños más autóctonos. Después de un tiempo en ese lugar me instalé en otra zona del barrio, en la galería La Curtiembre, que es donde estoy actualmente, que es mucho más grande y también acogedor», detalla.
Hace un par de meses, Willimapu dio un nuevo paso, en un formato de cafetería en el barrio Yungay. «Estamos al interior de una tienda de artesanías y decoración, llamada DecoCalen (Compañía de Jesús 2858, Santiago), que tiene productos de artesanos de Chiloé. Es una propuesta novedosa, donde ofrecemos milcaos, repostería como kuchen de murta o frambuesa, chocolates que me entrega una chocolatera mapuche, café de maqui, de higo y avellana, catutos, picarones y sopaipillas pasadas, entre otros productos».
Cecilia Loncomilla dice que una buena parte de la clientela de la cafetería son sureños avecindados en Santiago. «Ellos de inmediato reconocen que los productos fueron elaborados por una mano sureña, me dicen que los sabores son iguales a los que ellos habían probado. Yo veo este pequeño espacio de cuatro mesas como una pausa en Santiago y la oportunidad de probar sabores clásicos del sur. Ahora estamos haciendo la estructura necesaria para atender por un ventanal -que es muy bonito- a la gente que pasa por la calle, ofreciendo café al paso y todos nuestros alimentos».
¿Tienen proyectado abrir otras sucursales de esta cafetería?
«Ya estamos en eso, con un local en el barrio Lastarria (Merced 346) que abrimos hace poco y en el que estamos haciendo por el momento solo actividades puntuales, eventos cerrados. Dentro de muy poco esperamos abrirlo totalmente a público. Tiene la misma estética de los otros dos, porque nos interesa resaltar que el concepto es el mismo y la forma de trabajar la comida igual: todo natural y todo elaborado en el momento».
Esta emprendedora agrega que en Lastarria funcionarán como restaurante y cafetería. «Lo mismo el local de Franklin, que funciona los sábados, domingos y feriados. Si bien la gente suele asociarlo solo con almuerzos, estamos atendiendo desde las 9 de la mañana y pueden ir a disfrutar de sabrosos desayunos sureños. Acá en Willimapu de calle Compañía de Jesús, en tanto, es solo cafetería».


