Contaba con alimentos para un mes, cuenta su propietario
El hombre y las dos mujeres estuvieron seis días atrapados en un complejo turístico ubicado a diez kilómetros del límite con Argentina.
A primera hora del jueves pasado, Carabineros de San José de Maipo le informó a Hernán Covarrubias, más conocido en el Cajón del Maipo como el Nano Covarrubias, que todos debían abandonar el complejo turístico Termas Valle de Colina por la llegada del temporal.
Las termas son el final de todos los caminos. Está a diez kilómetros de la frontera con Argentina, a 112 kilómetros de plaza Baquedano, a 200 metros del final del Camino al Volcán y 2.500 metros sobre el nivel del mar. Pero el viaje vale la pena. En el lugar hay siete piscinas termales rodeadas de cordillera y aire impoluto. Pero cuando nieva, es un infierno helado.
Nano Covarrubias, propietario y gerente del complejo lo sabía, y por eso les ordenó a sus empleados que debían abandonar el lugar y retirar sus cosas del refugio donde pernoctan.
El trío
La noche de aquel mismo día, un señor apodado El Chino se reunió con dos mujeres, una de 31 años y otra de 21, para asistir a una discoteca en Peñalolén. Por razones no del todo claras, una vez en la discoteca el trío decidió no ingresar, partiendo en cambio rumbo a las Termas de Colina, a pesar de que cualquier ciudadano medio sabía a esas alturas que se aproximaba un temporal de viento, lluvia y nieve.
Llegaron de madrugada, cuando la nieve caía en tupida cascada. Por supuesto, no encontraron a nadie y ya era demasiado tarde y peligroso regresar. Pero El Chino conocía el lugar y sabía del refugio. Condujo a las dos mujeres hasta el lugar y abrió la puerta. No estaba con llave. Este detalle les salvaría la vida.
El refugio
Nano Covarrubias cuenta que el refugio fue construido el año 2010. Son cuatro dependencias separadas: una bodega, una cocina-comedor, y otras dos edificaciones con cinco dormitorios cada una.
«Con lo que se encontraron las personas extraviadas fue con una cocina equipada y alimentos para un mes», dice. «Siempre lo mantenemos con la despensa llena. Alimentos no perecibles, generalmente, como fideos, arroz y legumbres, más agua, además de una salamandra con leña en la cocina-comedor y otra en los dormitorios. También hay baño con agua caliente, pero funciona con electricidad y la electricidad la cortamos antes de dejar el lugar, por precaución».
En el refugio, ya está dicho, pernoctan los empleados de las termas, pero Covarrubias dice que lo mantienen equipado en caso de emergencia. «Antes dejábamos el refugio con llave, pero a veces aparecían personas que necesitaban protegerse del frío, arrieros sobre todo, y para entrar destrozaban la entrada o las ventanas. Por eso decidimos dejar siempre abierto y bien equipado, para facilitar la sobrevivencia».
La tormenta de nieve duró cinco días, «algo que no se veía desde los años 80», dice Covarrubias. Finalmente, la mañana de este miércoles un helicóptero de Carabineros pudo posarse a unos 300 metros del refugio para rescatar a las personas. La nieve les llegaba hasta la cintura.
«Por lo que nos dijeron, estuvieron en todo momento con la salamandra encendida y cocinaron sin problemas», cuenta la subprefecta Tatiana García-Huidobro, jefa de la Brigada de Ubicación de Personas Metropolitana de la PDI. «Las mujeres estaban más angustiadas; el hombre no, sabía que los iban a rescatar».
De lo que consumieron, aún no se sabe si repondrán algo. Primero tienen que recuperarse del susto.


