Un total de 31.358 personas rindieron al menos una prueba en la PAES de Invierno 2026, realizada en junio pasado.

Los puntajes e información de establecimientos de todos ellos aparecen, en forma anónima, en la base de datos abierta del Demre.
De esa fuente surgen los números del estudio que realizo Nicolás Pinto, doctor en Matemáticas de la Universidad Católica, que hace un seguimiento a los postulantes que ya habían participado del proceso regular, efectuado en diciembre pasado.
«La PAES de Invierno solamente la rinden las personas que la dan por segunda vez y quieren mejorar su puntaje, no los alumnos que están cursando cuarto medio», explica el investigador, quien es coordinador de la prueba de Matemática M2 en el Preuniversitario Gauss, donde dirige un observatorio de la PAES.
¿Sirve dar la prueba de invierno? El estudio muestra que 79,2% de quienes la rindieron (casi ocho de cada 10 postulantes) mejoraron su puntaje en relación al examen de diciembre. El alza promedio es de 42,6 puntos en las pruebas obligatorias, que son Comprensión Lectora y Matemática M1.
El mayor salto se observó, precisamente, en Matemática M1, donde se llegó a un máximo de 54.9 puntos más. Luego se ubicó la prueba de Historia y Ciencias Sociales, con 50,6 puntos. En Competencia Lectora el aumento promedio fue de 30,7 puntos, en la específica de Matemática (M2) subieron 33,7 y en Ciencias 13,8. Puntos.
En el estudio se observa un fenómeno estadístico conocido como efecto Mateo, que está relacionado con las pequeñas ventajas del grupo observado.
«Uno esperaría que si alguien rinde la prueba una segunda vez va a tener más tiempo para prepararla, va a tener más instancias de estudio, va a aprender de los errores previos. Ya tienes incorporada la experiencia, entonces sabes más o menos a lo que te vas a enfrentar», explica Pinto.
Otro fenómeno está ligado a la estandarización de los puntajes, que en una segunda oportunidad beneficia a los estudiantes que antes sacaron un puntaje bajo o medio.
«Entendiendo que la PAES es un proceso de selección, está construido estadísticamente para que los puntajes queden distribuidos en el ideal respecto de una distribución que llamamos la campana de Gauss. Esto quiere decir que se espera que la mayoría de la gente tenga puntajes promedio y existan pocos puntajes muy malos o muy buenos.
Cuando estás más arriba cuesta más subir el puntaje, hay mucho menos oportunidad de mejora para el estudiante que ya es bueno», asegura.
Una de las principales conclusiones son las diferencias según el tipo de colegio de origen. Los estudiantes de establecimientos particulares pagados presentan un incremento promedio mayor que los de establecimientos subvencionados, municipales y SLEP.
«Las diferencias de puntaje no se reparten de forma equitativa, sino que dependen de la dependencia administrativa del establecimiento», comenta el investigador. «La brecha entre un colegio particular pagado y un SLEP es del orden de 16, 5 puntos. Más allá del tamaño, muestra que el fondo hay un trabajo por hacer en términos de equidad», sostiene.