Ella tuvo un remember con su ex: «Nos dejamos llevar por la llama»

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Mia Brown dice que el momento que reavivó la llama fue en un ascensor

Influencer y creadora de contenido señala que la pareja de su ex pensaba que ellos nunca se habían separado realmente.

El conflicto entre Luis Jiménez, Cote López y Gala Caldirola funcionó como un espejo público de algo que muchas parejas viven en privado: asumir los costos de un «remember» con una expareja (ver pág. 16). En el caso de la influencer y creadora de contenido Mia Brown (38), un factor clave en la recaída con Jorge (38), su ex, fue el hijo de nueve años que tienen en común. Ir a verlo jugar fútbol, preguntarle por él o acompañarlo cuando se enfermaba los mantenía en contacto. «Ese día en la clínica tuvimos un leve acercamiento en el ascensor cuando ya me estaba yendo. Mi hijo había estado con náuseas todo el rato y él se me acercó un poco, no sé, como que me respiró cerca del oído».
En ese momento no pasó nada. Pero aquel gesto volvió a remover algo que, para Mia, había permanecido en pausa durante años.
Siete y tres
Llevaban juntos siete años hasta que se produjo el quiebre. Tuvieron a su hijo Julián. Estuvieron separados tres años.
«En mala, con problemas. Había un hijo de por medio, demanda, juicio. Dentro de ese periodo, cada uno hizo su vida.
 Él tuvo una pareja, yo también tuve una pareja y pasaron los años. Con el tiempo, uno va sanando. Empezamos a conversar y obviamente, nos vemos siempre porque tenemos hijos. Cuando hay hijos es difícil cortar la relación con una persona, con un ex, por ejemplo», explica la influencer.
 
Mamá y papá
«Teníamos que toparnos muchas veces por el fútbol de mi hijo y así empezó. Nosotros no nos hablábamos nada. Así como hola y chao. No hablábamos ni por WhatsApp. Había contacto cero por salud mental de ambos, porque igual nos separamos porque nos llevábamos mal. Como para dar a entender: No vamos a volver, no vamos a recaer, mantengamos la distancia». Pasó el tiempo, cuenta Mia. Dos años y medio, calcula. Su hijo se enfermó, terminó en la clínica y tuvo que llamar a Jorge, «obviamente porque era el papá. Llegó allá y ese día, después de dos años y medio, yo ahí me enteré que él estaba separado, que estaba sin polola y yo también».
Terceros
Mientras estuvieron separados, ambos iniciaron nuevas relaciones respectivamente. Mia prefiere no profundizar mucho sobre el tema, pero las relaciones que los dos tuvieron después del quiebre fueron difíciles, a ella le fueron infiel y para él, para Jorge, los celos fueron un problema. Su pareja pensaba que seguía con Mia. «Sé que terminaron en mala, la mina se fue en mala con él y claro que se enteró que volvió con la ex, es decir, conmigo, con alguien que era su tormento durante toda la relación». Tener que participar en ciertas actividades o visitas para compartir con su hijo fue algo que siempre generó desconfianza en quien en ese tiempo era pareja de Jorge. » Siempre tuvieron dudas sobre nosotros. Inventaron una infinidad de cosas, que nosotros éramos infieles a las personas con las que teníamos una relación y eso nunca fue así». Al final, el remember entre Mía y el padre de su hijo terminó siendo una profecía autocumplida.
El día
«Me acuerdo súper bien porque estábamos en el ascensor y yo llevaba a mi hijo adelante, él estaba atrás mío y me respiró súper cerca. A mí me renació todo y a él también, porque después, con el tiempo, hablamos ese tema. No sé, fueron sensaciones muy locas, quería entre llorar, abrazarlo, pedirle perdón, darle un beso. Me pasaron cosas, pero uno tiene una fortaleza interna de no, no puedo caer aquí. Ya es retroceder todo lo que avancé sicológicamente, con siquiatra, todo. Dije yo no, aquí no».
¿Y cuándo fue la recaída?
«En un partido de mi hijo. Julián se quedó dormido ese día, venía a la casa muy cansado de su fútbol. Él lo fue a acostar y me dijo: Ya, me voy a ir, porque el niño se quedó dormido. Y le dije: Ya, dale, sí, no hay problema. Gracias por acompañarnos. Nos había invitado a almorzar y él se había quedado dormido. Entonces quedamos solos y de repente todo pasó en un momento».
¿Qué sintieron después?
 
«La verdad es que en ese momento fue como: ¿Qué cresta hicimos?. Nos dejamos llevar por la llama, pensamos que no era lo correcto. Pero al final, después, ya, bueno, uno se enrolla igual más de la cuenta. No deberíamos habernos enredado tanto. Y después pasaron los días y nos alejamos un poco, no sabíamos cómo reaccionar frente a la situación. Y con los días empezamos a hablar y él me dijo: Pucha, yo no sé qué decirte, yo todavía estoy enamorado de ti, nunca te he olvidado y no sé cómo reaccionar frente a esto. Así fue»
Y qué hablaron.
«Pasaron tantas cosas entre nosotros: dolor, juicio, problemas familiares, los niños, una separación de años, casa, un núcleo familiar entero se destruyó. Entonces, ¿cómo cresta hacemos esto? Y fue: No sé, dejémoslo hasta acá nomás y chao y hagamos como que nada pasó».
Pero volvieron a caer…
«Después se volvió costumbre. Si abriste una puerta, es como: ya, lo voy a hacer siempre. Y yo me fui de vacaciones, se quedó acá y ahí fue cuando me dijo: Estoy cagado de miedo, no sé si intentarlo. Yo le dije: Es que ya no estamos en edad de tomar decisiones. Tampoco podemos estar dañando a nuestro hijo. No podemos ser así. Y ahí fue cuando me dijo: Ya, yo voy con todo nomás. Y yo le dije: Ya, vamos con todo. Enfrentando toda la adversidad, los problemas. Y ahí fue cuando intentamos».
¿Cómo mira ahora todo lo que pasó?

«Me lo cuestioné muchas veces, me imagino que él también, pero llegó un momento en que yo dije: Yo lo quiero tanto y siento que nunca lo olvidé. Durante todos estos años siempre fui respetuosa con mi pareja, pero en realidad siempre estuve enamorada de él, solo que uno oculta ese sentimiento por respeto a la otra persona y por ganas de seguir adelante. Pero ahí entendí que muchas veces la gente nunca deja de amar, solamente avanzas porque sabes que esa persona no es para ti nomás. Pero con el tiempo, llevo tres años de vuelta y me siento mejor que nunca. No te digo que fue color de rosa todo, no, fue difícil, pero cuando hay amor de verdad, hay que aprender a ceder, a sanar, a escuchar».

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