Julio Soto es traumatólogo y perdió la pierna por un cáncer a los nueve años
El andinista es parte del proyecto Montaña sin Límites que buscará ascender el Ojos del Salado y el Aconcagua con bastones especiales.
Julio Soto, ex esquiador que representó al Team Chile en los Juegos Paralímpicos de Corea del Sur 2018, tenía nueve años cuando se le detectó un cáncer y le amputaron la pierna izquierda, pero su espíritu deportivo sigue vigente y junto al guía de montaña Alejandro Calvo, ejecutan el proyecto «Montaña sin Limites», que busca conquistar las cumbres más altas del continente.
El desafío de Soto es hacerlo sin su prótesis, la que usa para su vida diaria, pero no ocupa para la actividad física. En esa condición llegó a la cima del volcán Lonquimay (2.865 metros de altura). «La última parte fue bien vertical, sin hacer zigzag, hay un filo llegando arriba y quizás la mayor dificultad fue la fatiga muscular en la bajada porque había mucho hielo, se esconde el sol y la pista queda muy dura», cuenta.
«Hay que enterrar muy bien los crampones del pie y los bastones para poder agarrarse. Antes subí el volcán Osorno (2.652 metros). Me preparé tres semanas con entrenamientos habituales de fortalecimiento muscular, intervalos y aeróbicos en el gimnasio BioCenter. Son cumbres muy técnicas por el equipamiento, el frío, las placas de hielo. Fueron cinco horas en subir y otras tres en bajar», dice Soto.
Para que el traumatólogo logre ascender en una sola extremidad y apoyado por sus bastones debieron hacer un trabajo especial con sus crampones, que son los aparatos metálicos que se instalan en cada suela para adherirse al hielo o nieve.
«Ortopedia Nacional diseñó la parte inferior de cada bastón para que sea intercambiable y se comporten de buena forma para los distintos tipos de suelos que iremos encontrando como la nieve, hielo, roca, arena, tierra, piedras y terrenos volcánicos. Para su parte inferior se compraron los mejores crampones del mercado, marca Grivel, que se desarmaron, se partieron por la mitad y se acoplaron a la mencionada parte inferior del bastón. En la pierna derecha Julio ocupa uno normal y el otro se les acomodaron a sus bastones», explica Alejandro Calvo, líder del proyecto y ex militar de la escuela de montaña.
«El ascenso al Lonquimay tuvo características especiales porque en el último kilómetro no permite subir en zigzag. Tiene un filo muy estrecho que obliga a subirlo en forma vertical. Obliga a un esfuerzo y técnica que para Julio se debió hacer con bastante cuidado. Fuimos con un guía que conoce bien la zona, fue bien encordado. Se pone un arnés de cintura y se encuerdan dos personas, este caso el guía, Javier Cabrera, fue con Julio y atrás de ellos yo por seguridad. No hubo ningún inconveniente. En la subida el guía va primero y en la subida el guía va atrás», agrega Calvo.
El volcán Osorno y Lonquimay les permitió probarse en un escenario más técnico y ahora apuntan a buscar cumbres con mayor altitud hasta concretar el desafío final donde la escuela de montaña del Ejército les está prestando apoyo técnico.
«El proyecto apunta a escalar el Ojos del Salado (6.893 metros) y el Aconcagua (6.961 metros). Iremos subiendo diferentes cumbres, aumentando su dificultad en altura y pendiente para llegar a la meta en buenas condiciones. El Ojos del Salado, que es el volcán más alto del mundo, está fijado para diciembre y el Aconcagua, el techo de América, en enero del 2025. Ambos Julio ascenderá sin su prótesis», sostiene Alejandro Calvo.


