A nuestros ídolos, por alguna razón, el don de la estrategia les ha resultado esquivo. Es una pena. Queda entonces otro territorio: explicar bien el juego.
Iván Zamorano mejora la banda sonora de la Roja. En tiempos en que verla se ha convertido en una mezcla de nostalgia, resignación y búsqueda desesperada de alguna señal para el futuro, escuchar a Bam Bam el sábado resultó reparador. Habló de fútbol. Miró el partido. Detectó un movimiento, una cobertura, una decisión del arquero. Y lo explicó. Parece una obviedad. En la televisión chilena hace rato que dejó de serlo.
También hay otra novedad: Zamorano ya no habla como Peter Veneno. Se acabó aquella voz impostada del ex futbolista obligado a representar eternamente al capitán de la Selección. En Mega apareció un comentarista. Uno que entendió que el micrófono exige otro oficio y que la experiencia sirve cuando consigue transformarse en una idea comprensible para quien mira desde la casa.
Ante Canadá tuvo varias de esas intervenciones. Cuando Chile quedó con nueve advirtió sin vender humo que el partido se había «desvirtuado completamente». Explicó que estos amistosos sirven para encontrar piezas, construir un estilo y observar jugadores. Después reparó en los centrales y especialmente en Lawrence Vigouroux, de quien dijo que «transmite mucha seguridad». Comentarios concretos, pegados a lo que ocurre en la cancha.
Y quizás ahí esté lo más importante. La Roja atraviesa un momento tan delicado que también necesita reconstruir su relato. Durante diez años el equipo fue perdiendo fútbol, jerarquía y finalmente amor propio. Los campeones de la Generación Dorada que se han ido retirando todavía mantienen una relación demasiado cercana con esa historia. Algunos hablan desde la herida, otros desde el ego, varios siguen discutiendo un camarín que ya no existe. El retiro también necesita distancia.
Zamorano pertenece a otra generación y quizás por eso llega al micrófono con una ventaja. Su autoridad está resuelta. No necesita recordarnos a cada rato que jugó en Real Madrid y en el Inter, o que hizo cinco goles en una tarde inolvidable contra Venezuela. Por eso puede ocuparse de mirar a los demás.
También se nota el kilometraje acumulado en televisión. Durante años trabajó como analista para Univision y TUDN en Estados Unidos, muy ligado además al fútbol mexicano. Esa experiencia le ha quitado al discurso parte de la solemnidad que alguna vez lo acompañó. Ahora escucha, observa y espera la jugada antes de hablar.
Uno imagina que los grandes futbolistas, después del retiro, deberían devolver algo de lo aprendido. Ojalá aparecieran como entrenadores capaces de ordenar desde la banca aquello que dominaron en la cancha. A nuestros ídolos, por alguna razón, el don de la estrategia les ha resultado esquivo. Es una pena. Queda entonces otro territorio: explicar bien el juego.
Ahí Zamorano puede prestar un servicio importante. Esta Roja necesita referentes que ayuden a entender qué se perdió y qué habrá que recuperar. Necesita menos nostalgia administrada como museo y más precisión para leer el presente. Bam Bam entiende el encargo.


