Claudia Rojas cuenta su historia de bancarrota y regreso
La quiebra fue como morir un poco, para mí fue muy difícil, dice la corredora de propiedades de Talca.
El primer negocio en que se embarcó fue una importadora de productos chinos. «Con mi pareja de ese entonces estábamos bien entusiasmados, incluso viajamos a China a comprar mercadería», recuerda. Eran productos estacionales, para Halloween, Navidad, el colegio en marzo, el verano, menaje, juguetes, decoración, de todo un poco.
«Era bien entretenido, un mundo diferente, colocar la mercadería, saber qué le gustaba a los clientes, empezamos a abrir más locales, crecimos y eso mismo fue lo que empezó a decaer el negocio, porque en el fondo pagas más arriendo, más personal, llegaron los chinos, subió el dólar y todo eso hizo caput», detalla.
¿Recuerda señales del descalabro?
«El negocio empezó a morir porque no teníamos tanta venta para cubrir todos los gastos. Empezamos a no pagar las cotizaciones, los impuestos, los arriendos; empezamos a cerrar y a deberle a los bancos. Todo estaba a mi nombre así que fui la única que cayó. Las decisiones que uno toma no son reversibles. Fue una larga agonía, trabajamos muy duro solo para pagarle a los bancos».
¿Cuándo asumió la realidad?
«Pagué hasta que me di cuenta que era imposible. Me arrepentí de seguir pagando porque en el fondo para qué iba a seguir si al final morí igual. Uno siempre quiere responder y nunca quiere quedar mal, fue súper complicado porque exige un millón de papeles y documentos».
Fue como asumir una derrota.
«La quiebra fue como morir un poco, para mí fue muy difícil. Vengo de una familia súper estructurada, responsable. Soy de una ciudad relativamente chica donde todo el mundo te apunta con el dedo si te va mal. Algunos extrabajadores me funaron en las redes sociales, pegaron panfletos de estafadora en la casa de mis papás. Fue horrible, no sé cómo no me volví loca».
¿Pensó en mandarse a cambiar?
«Decidimos, con mi pareja y nuestro hijo, irnos de Talca porque era insostenible vivir acá, o sea, hoy día lo veo así, era muy fuerte quedarte con el estigma social. Mejor empezamos en otro lado todo de nuevo. Nos fuimos a Puerto Varas. Teníamos un poco de plata, pensamos que la fruta era cara y compramos paltas para vender. Como me gusta trabajar, nos fue bien. Igual tenía que viajar cada cierto tiempo a Talca, a ver el tema de la quiebra».
¿Cuánto demoró el proceso?
«Sanear todo demoró unos cinco años porque para salvar la empresa hice otra, y además tenía otras cosas como persona natural. O sea, quebré tres veces. Con la ley recién promulgada me sentía como un bicho raro. Hoy día es una alternativa real, pero en esa época fue terrible cómo estigmatizaban y apuntaban con el dedo».
El regreso
En la pandemia, Claudia Rojas volvió a radicarse en Talca y al poco tiempo se separó: «Nos separamos de negocio, de pareja, de todo; viví con mis papás, pero sentía que debía criar a mi hijo sola, fue un periodo crítico, no podía hacer nada; lo bueno es que tengo muy buenos amigos, entonces mi hijo y yo nunca nos dimos cuenta de que estábamos tan mal».
Con ahorros y plata prestada comenzó a vender ropa usada; luego trabajó como productora de eventos en el Casino de Talca. «Ahí me finiquitaron y justo mi mamá me dice, oye, tú estás pintada para ser corredora de propiedades. Y una amiga me sugirió hacer el curso de corretaje; después hice otro curso en la Universidad de Talca. Me ha ido bien», dice Rojas, quien en Instagram es @claudiarojascorredoradeprop.
¿Cambió con este proceso?
«Cambia todo porque en el fondo siento que soy feliz con menos cosas, las disfruto más. Uno nunca tiene que bajar los brazos, tiene que ser perseverante. Si un negocio no te resulta, tienes que volver a intentarlo o intentarlo por otro lado. En esto me sirvió mucho mi mentalidad deportiva y se las traspasé a mi hijo. Él es seleccionado juvenil de natación de aguas abiertas y ahora tiene un campeonato en Brasil y lo estoy ayudando a financiar el viaje a través de auspicios. Ojalá nos vaya bien».
«Ser deudor moroso es un estigma, cierra puertas»
«La insolvencia es un estado que se manifiesta de diversas formas: alto endeudamiento, morosidad en créditos, bicicleta financiera, inicio de cobranza judicial, alta deuda y pocos activos. Cuando una persona tiene más de alguna de ellas, debe buscar soluciones urgentes y ahí aparece la quiebra o liquidación como una solución definitiva», describe el abogado Mario Espinoza, director legal de Defensa Deudores. Recalca que «ser deudor moroso es un estigma, cierra puertas, prácticamente es una deshonra que emocionalmente es difícil de manejar, entonces cuando la persona toma la decisión de quebrar e inicia su proceso, la mejora del estado emocional de la persona es tan grande, el alivio es tan grande, que cualquier temor a que esto se sepa, pasa a un segundo plano».


