Académico de Harvard lleva 10 años estudiando científicamente cómo se consigue una vida plena
El investigador griego revela por qué tener dinero o sentirse feliz no es suficiente y destaca el papel de las relaciones personales, el propósito y la espiritualidad.
Constantine Psimopoulos, bioeticista griego e investigador de Harvard, usa esa idea para explicar por qué tener más dinero no necesariamente significa llevar una vida mejor.
«Puedes ser muy feliz porque tienes mucho dinero. Pero si tu propósito y el sentido de tu vida provienen únicamente de lo económico, eso no es suficiente», sostiene el especialista, quien llegó a Chile para participar en una charla sobre florecimiento humano en la Pontificia Universidad Católica, donde presentó los principales hallazgos de las investigaciones sobre bienestar.
Precisamente eso estudia el Programa de Florecimiento Humano de Harvard, que acaba de cumplir diez años. Fue creado en 2016 por Tyler VanderWeele, profesor de Epidemiología, quien advirtió que la ciencia se había concentrado en estudiar las enfermedades, pero prestaba menos atención a qué hace que una vida sea buena. Para responderlo, reunió conocimientos de medicina, filosofía y teología.
¿Qué es florecer?
El concepto proviene de la «eudaimonía» de Aristóteles. «Es un estado en el que todos los aspectos de la vida de una persona son buenos, incluido el contexto en el que vive», explica Psimopoulos.
Para medirlo, los científicos identificaron cinco dimensiones: felicidad y satisfacción con la vida; salud física y mental; sentido y propósito; carácter y virtudes; y relaciones sociales cercanas. A ellas sumaron una sexta: la estabilidad económica y material, que permite alcanzar las anteriores.
«La felicidad y la satisfacción con la vida son solo una de las cinco dimensiones importantes», aclara el investigador. Es decir, alguien puede sentirse contento con su trabajo y sus ingresos, pero tener problemas de salud, relaciones deterioradas o no encontrarle sentido a lo que hace.
22 países
Para estudiar qué favorece una vida plena, Harvard participa en el Estudio Global de Florecimiento, una investigación que sigue a más de 200.000 personas de 22 países. Los primeros resultados muestran que vivir en un país rico no garantiza mayores niveles de florecimiento. En una medición de florecimiento seguro, Indonesia encabezó la lista con 8,1 puntos sobre diez, mientras que Argentina obtuvo 7,14. Chile no fue incluido.
«Algunos países con menos recursos están floreciendo mejor que otros. Ahora tenemos una gran cantidad de datos empíricos para demostrarlo», comenta Psimopoulos.
Otro hallazgo es que, en numerosos países, los jóvenes de entre 18 y 24 años presentan niveles de florecimiento inferiores a los de generaciones mayores.
Los investigadores también desarrollaron un cuestionario de doce preguntas, con respuestas de cero a diez. «Una de las preguntas más difíciles es si las personas comprenden cuál es su propósito en la vida», explica. El cuestionario también plantea: ¿Siento que las cosas que hago valen la pena? ¿Soy capaz de renunciar a una satisfacción inmediata para obtener algo mejor en el futuro?
¿Qué puede hacer una persona desde mañana para mejorar su bienestar?
«Florecer es un viaje que puede durar toda la vida. No existe una pastilla que lo resuelva todo inmediatamente. Pero algo pequeño que muchas personas ignoran es el perdón».
¿El perdón?
«Nuestras investigaciones muestran una relación entre perdonar y el florecimiento. Cuando perdonamos, también pueden producirse respuestas fisiológicas, como una disminución de la presión arterial».
Dios, religión y apoyo
La espiritualidad es una de las áreas estudiadas por los investigadores. Una investigación publicada en febrero en la revista científica «JAMA Psychiatry», de la que Psimopoulos es coautor, analizó 55 estudios que reunieron a 540.712 personas para examinar la relación entre las prácticas espirituales y religiosas y el consumo perjudicial de alcohol, tabaco, marihuana y otras drogas.?»Encontramos una reducción del riesgo del 13% asociada a las prácticas espirituales y religiosas. Esa cifra llegó al 18% entre quienes asistían a servicios religiosos más de una vez por semana», explica el investigador.?Psimopoulos destaca que estas comunidades pueden ofrecer apoyo social, relaciones cercanas y sentido de propósito.
¿Dice que una persona que no cree en Dios o que no practica ninguna religión no puede alcanzar el florecimiento??»Las personas que no son religiosas también pueden florecer. Pueden encontrar sentido y propósito en sus vidas y desarrollar relaciones significativas. La espiritualidad y la religión pueden contribuir al bienestar, pero no son requisitos para alcanzar una vida plena».


