Trabajo fue publicado en la revista Science Advances
Conecta a las aves modernas con los dinosaurios.
En forma de V, el hueso se usa en un ritual popular: dos personas lo toman y lo tiran hasta partirlo, para ver quién tiene más fortuna.
Ubicado en el pecho de las aves, se llama fúrcula y sirve para multiplicar el movimiento de las alas al volar.
Por años algunos científicos pregonaban que los dinosaurios no tenían algo parecido en su esqueleto y que por eso no habrían evolucionado en aves.
Años de investigación cambiaron la perspectiva. «Los dinosaurios sí lo tenían y lo habían confundido o no se preservaba o quedaba tapado por otro hueso».
El equipo de Vargas, integrado por investigadores de las universidades de Chile y Católica, dice que ese hueso comenzó a disminuir de tamaño poco después de que los dinosaurios comenzaron a caminar en dos patas. «Las delanteras se transformaron en brazos muy cortos y quedaron un poco relajados de su función, por decirlo así, menos comprometidos», cuenta.
En ese momento el hueso se fusionó. La ciencia estaba dividida: algunos decían que se había juntado con los dos huesos de la clavícula y otros que se había juntado con la interclavícula.
Después, cuando los dinosaurios comenzaron a volar, comenzó a ser importante para el movimiento de las alas y creció. La función estaba más o menos clara. Tal como lo dijo Darwin, un hueso que pierde su función se transforma en un vestigio, pero puede evolucionar y encontrar otra.
Todo bien, pero todavía no se había resuelto el tema del origen. ¿Clavícula o interclavícula?
Científicos de todo el mundo trabajaron intensamente para descubrirlo, pero los estudios usaban pollos, una especie en la que el desarrollo del embrión no refleja parte de su historia evolutiva.
Este equipo chileno usó cuatro especies de aves con morfologías divergentes para captar la formación temprana del hueso. Su trabajo lo publicó «Science Advances».
El profesor Vargas lo describe así: «Cuando hay células que están sueltas y empiezan a apelotonarse y a formar como grumitos, que después van a ser los huesos, se llaman condensaciones de células».
En el tinamú, una de las especies analizadas, lo importante ocurre en los primeros minutos de vida. «Vimos que hay tres grumitos distintos, en pocas palabras. Tres condensaciones de células que se pegan», recuerda. Al fin encontraron la respuesta. El hueso de la suerte se formó de la clavícula y de la interclavícula.


